Un pedido especial fue hecho a la boticaria, del mismismo emperador solicitando sus servicios. Algo sumamente sencillo, pero no imaginó que algo tan fácil desencadenaría en una situación incontrolable e inesperada con Jinshi, sucumbiendo a algo que...
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Observó la copa de plata que estaba en la mesa, con aquel líquido oscuro en ella. La tomó entre sus dedos con una elegancia y decoro digno de su estatus y se lo llevó a la boca, degustando el sabor del vino, de aquel nuevo producto que había sido un regalo para el emperador y que ponía a su disposición si era de su agrado.
—Es muy bueno.
—Si, igual ha sido de mi agrado, aunque no se si es muy favorito. — El emperador dejó su copa de plata vacía en la mesa.
Observó la copa vacía, de plata, como todo los utensilios que el emperador solía usar, por su propia seguridad. La plata reaccionaba al sulfuro, por lo que eso aseguraba de primera mano el conocer si alguna bebida o comida estaba envenenada. Luego de aquella pequeña prueba, entraba el turno de los catadores, que aseguraban con su propio cuerpo si tenía veneno o no.
Suiren había probado aquella botella que le llegó de regalo hace unos días, asegurando su procedencia. Decidió probarla ante la visita distinguida del emperador, que no podría tener un mejor privilegio.
Jinshi meneó el líquido que tenía en su copa, dio un trago más, degustando cada tinte de la bebida, como si fuera lo más interesante del lugar. Estaba sentado en la sala de estar de su villa, con varios bocadillos enfrente y las copas de vino para acompañarlos. Suiren había improvisado porque no esperaban la visita del emperador, pero él podía ir al lugar que quisiera cuando se le diera la gana.
—Sobre mi petición... —Habló con voz calmada y ronca, dejando la frase a la mitad, para escuchar una respuesta.
—Me encargaré de conseguirlo, espero tener noticias en unos días. —Jinshi observó al emperador con seriedad.
A pesar de la familiaridad existente entre ambos y de la actitud juguetona que él mismo emperador tenía de forma normal cuando estaban juntos y solos, Jinshi siempre solía tratarlo con todo el respeto que era posible. No podía ser tan juguetón como su hermano...
El emperador centró su mirada sagaz en Jinshi, detallando su rostro de marfil con esa expresión indiferente, tan inescrutable como siempre. Pero él más que nadie lo conocía para leerlo a través de esa actitud.
—¿Y qué tal aquella chica? La hija de Lakan.
Jinshi, que se estiró para dejar la copa de vino en la mesa, se detuvo de forma abrupta, ante las palabras del emperador.
—¿Qué sucede con ella?
—¿Ella no puede hacerlo? Es lo suficiente capaz y útil, por eso la has mantenido a tu lado todo este tiempo.
Jinshi se enderezó en su lugar, observando al emperador con esa sonrisa relajada en los labios, que podía apreciarse a través de su barba. Por supuesto que aquella petición iba encaminada a ella desde el inicio, lo supo desde que se lo había pedido, pero él quiso hacerse el inocente, considerando cualquier otra opción. Ambos sabían que ella era la mejor opción que tenían, no había otra alternativa más fiable que la princesa del clan La.