UNA PROPUESTA PELIGROSA (Y COMESTIBLE)

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Katsuki Bakugo tenía un plan. Un maldito plan perfecto. Bueno, perfecto según él.

Después de semanas ocultando el anillo en su habitación, nervioso cada vez que Deku se acercaba demasiado a su cajón de ropa interior, decidió que era momento de dar el gran paso. Era su maldito momento. "Voy a pedirle matrimonio al nerd..." pensó, mientras el corazón le latía más rápido de lo que le gustaría admitir.

Reservó una cena romántica en un restaurante elegante, eligió el postre favorito de Izuku —pastel de matcha con mousse de frambuesa— y le pidió personalmente al chef que escondiera el anillo dentro del postre.

—Asegúrate de que lo vea. No lo muelas en la licuadora, ¿ok? —gruñó Bakugo, aunque con una expresión más preocupada que amenazante.

El chef asintió, divertido. Todo estaba listo.

La cena fue un éxito. Rieron, recordaron misiones pasadas, hablaron de tonterías. Bakugo estaba nervioso, pero lo disimulaba tragando agua cada tres segundos. Cuando llegó el postre, su pulso se aceleró. Este era el momento.

Izuku, ajeno a todo, dio el primer bocado... y luego el segundo... y el tercero... y antes de que Katsuki pudiera decir algo, ¡el plato estaba limpio!

—¡¿Dónde está el postre?! —gritó Bakugo, alarmado.

—¿Eh? ¿Te gustaba? ¡Pensé que no querías! —respondió Izuku, confundido.

Katsuki se levantó tan rápido que tumbó la silla.

—¡¿TE LO COMISTE TODO?! ¡¡EL ANILLO ESTABA AHÍ, MALDITO NERD!!

La cara de Izuku pasó de feliz a horrorizada.

—¡¿QUÉ?! ¡¡¿ME TRAGUÉ EL ANILLO?!!

Sin pensarlo dos veces, Bakugo lo cargó bridal style (porque dramatismo ante todo) y salió corriendo directo al hospital más cercano, con un Izuku sonrojado hasta las orejas.

Después de radiografías y un par de horas de espera...

—Sí, está en su estómago. Afortunadamente, no es peligroso. Solo esperen a que... ya saben, el cuerpo lo expulse naturalmente —dijo la doctora, con una sonrisa profesional que no podía ocultar la risa.

Izuku quería morirse. Bakugo se estaba aguantando la carcajada... apenas.

Cuando por fin volvieron a su departamento, ya de noche, y tras pasar todo el trauma digestivo, Izuku se dejó caer en el sofá, cubriéndose la cara.

—Esto ha sido... lo más vergonzoso de mi vida... —murmuró.

Katsuki se agachó frente a él, tomó sus manos y, con una sonrisa torcida, sacó una cajita nueva (sí, había comprado otro anillo por si acaso).

—Entonces... ¿te casas conmigo, estómago de acero?

Izuku lo miró entre divertido y frustrado... pero sobre todo con amor.

—Sí, idiota. Me caso contigo.

Bakugo sonrió, por fin libre para reírse a carcajadas.

—La próxima vez... haré una propuesta menos peligrosa. Prometido.

HISTORIAS CORTAS 🧡💚(BAKUDEKU)💚🧡Cerita yang buat anda obses. Terokai sekarang