A orillas del mar, al final de una bahía encajonada entre acantilados, se alza un pueblo sin nombre oficial, aunque los viajeros lo conocen como Última Parada.
La entrada al mar es un estrecho canal donde un río se abre paso entre las rocas. Más allá, el océano.
Las casas del pueblo, aunque humildes, están bien construidas. Su estructura está hecha de barro, arcilla, paja y piedras locales, reforzadas por un esqueleto de madera clavada en cimientos profundos.
La zona circundante es una pradera pantanosa, y con las lluvias constantes de los últimos años, el lodo ha crecido y tragado varias viviendas.
Cerca del pueblo ya se ha formado un pantano estable, del cual muchos temen que siga avanzando.
En tiempos mejores, el pueblo vivía de la pesca no muy lejos de pueblo. Hoy, la pesca cerca de la costa se ha vuelto escasa, obligando a los pescadores a adentrarse en mar abierto.
El muelle cruje como una boca vieja, y muchas de sus tablas están comidas por la sal y la vida marina.
Aunque el pueblo nunca tuvo valor militar, y no cuenta con murallas ni defensas, siempre tuvo lo esencial: manos trabajadoras, barcas bien hechas, y herramientas de hierro. Sin embargo, incluso eso se ha vuelto un lujo.
El pueblo vive sin autoridad. El último encargado murió arrastrado por una criatura marina, y desde entonces, nadie ha querido tomar su lugar. La gente sobrevive por costumbre, por necesidad, y por la inercia de una comunidad que aún no se resigna a desaparecer.
A pesar de su decadencia, el pueblo aún sirve de paso a muchos viajeros. Una ruta comercial cercana que conecta con la capital pasa justo por sus tierras, y por eso, en las noches, siempre hay alguien que necesita un techo, un pescado seco o una historia para olvidar el camino.
Así nació el nombre de Última Parada. Porque es un lugar donde uno se detiene, pero casi nunca regresa.
Pero, en una de las muchas casas hechas de piedras, barro y paja, hay un chico cuyo brazo izquierdo, cuello, y mayor parte del lado izquierdo de la cabeza, se encuentran tapados con unos vendajes algo sucios, vistiendo túnicas hechas a base de arapos, su nombre?, Dago un chico sin apellido ni padres.
Dago apenas abre los ojos y recae en el hecho de la mañana, decide levantarse del suelo donde yacía descansando, y aún algo somnoliento, y con dificultad, abre la ventana de madera y cuerda en uno de los muros, viendo las otras casas hechas principalmente de barro seco, arcilla, piedras, ladrillos de alguna roca común, y paja.
Una vez hecho eso, Dago rebusca de entre las cosas que tiene, tomando un sombrero de paja seca, y una simple caña de pescar que no pasa de un palo largo con una soga amarrada, para luego, salir de su casa con una cubeta de madera, en la que durante su camino, va dejando incectos que encuentra en la calle y detecta que pueden servir de carnada de pesca.
Luego de un rato de caminata, Dago logra llegar al muelle del pueblo, donde Dago se prepara, y lanza el anzuelo amarrado la vara con un gusano clavado para al instante, sentarse al borde del muelle mientras espera poder pescar algo.
Pasaron los minutos, incluso las horas, pero la caña no atraparía nada.
Dago, aburrido, observaba de reojo a su alrededor, viendo cómo los vendedores y las tiendas comenzaban a instalarse en el muelle. Sentía una creciente desesperación por no pescar ni un solo bocado. En uno de esos vistazos al cielo, mientras imaginaba formas entre las nubes, sintió un repentino toque en el cuello, acompañado de unas palabras
???: Si no mantienes la mirada en el cebo... no sabrás cuándo habrás atrapado algo.
Dago, sobresaltado por el contacto inesperado, se dio la vuelta rápidamente. Frente a él estaba un chico pelicastaño, de ropas sencillas como las suyas, aunque más cuidadas y menos desgastadas. El muchacho tenía una cicatriz visible en la mejilla: una marca como de carne arrancada en la parte inferior. Era un rostro conocido. Su amigo. Koba.
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UNDEAD
FantasyQue misterios aguardan en el mundo? que secretos esconde el mar de estrellas? cual será la cura de mi maldición? Son preguntas que Dago, el protagonista de esta historia, se solía hacer antes, mas, ahora solo tiene una misión, un objetivo fijo, c...
