Era un día soleado y agradable. La campana de la floristería sonó un par de veces cuando aquel chico de ojos blancos entró al lugar que ya conocía muy bien, por lo que se movía en el entorno sin problemas, disfrutando de los agradables aromas de la gran variedad de flores del lugar y de los suaves pétalos que de vez en cuando tocaba.
— ¡William! Que alegría me da verte hoy también.
Exclamó una voz femenina que ya conocía bastante bien. Era la voz de su amiga, Alessa, quien era la dueña de está floristería. Ella amaba las flores y por eso tomo la decisión dedicarse a ser florista. Él se acercó con calma al mostrador y busco con las manos la silla que siempre estaba allí para que él pudiera sentarse.
— Buenos días Ale, también me alegra mucho... escucharte. ¿Cómo amaneces?
Su corazón latía nerviosamente y pudo sentir el olor de la flor del mostrador intensificarse un poco. El no podía verlo, pero Alessa si notó como el rojo de aquella rosa se hizo un poco más fuerte. Sus flores tenían la característica particular de reaccionar a las emociones de las personas, por eso eran consideradas muy especiales. Era una lástima que William no podía verlo...
— Muy bien, muy bien, aquí como siempre con mi niñas.
Así les dice ella a sus flores.
— ¿Y tú?
— También lo estoy y mucho mejor ahora que estoy aquí.
Le contesto con una sonrisa, sacándole una también a Alessa y provocando que la rosa creciera más y se viera radiante. Pasaron unos minutos conversando y riendo, hasta que llego el primer cliente del día.
— Discúlpame un momento Will.
Escuchó la voz de la chica alejarse mientras le decía aquello. Por un momento, lo único que escuchaba eran murmullos y los ruidos agradables de afuera del local. Pero se entretenía oliendo las flores. De repente, escucho como una voz desconocida exclamaba.
— ¡WaAa! !¿Por qué se marchito?! ¡¿FUÉ POR MI CULPA?! ¡Lo siento muchoOo!
— Tranquila, tranquila... solo... bueno, supongo que te sentiste muy mal con aquel mensaje y... la pobrecita lo sintió. No te sientas mal, no siempre se pueden controlar las emociones.
— Ugh... gracias por tanta consideración. Creo que por ahora... no compraré ninguna, no quiero matar otra florecita... lo siento.
Y entonces, la campana sonó otra vez, indicando que la clienta se había ido. Escuchó los pasos de su amiga volver a acercarse al mostrador y no pudo evitar preguntar.
— ¿Fue el tulipán blanco? Dime que no por favor.
Aquello le sacó una risilla a Ale.
— Jaja, no tranquilo, no te preocupes. Ese tulipán sigue más vivo que nunca.
Eso lo calmó.
— Qué bueno, quiero que esa flor viva lo más posible.
— Yo también, supongo que es una forma de mantener vivo el recuerdo... aunque para mí sea un poquito vergonzoso.
— No es tu culpa, lo manejo tan bien que es un poco complicado darse cuenta.
— Aún así... la primera vez que viniste y nos conocimos, juro que no me fije en tus ojos ni en tus gestos, además, disimulas muy bien. Te pido disculpas otra vez por dejarte con las ganas de ver la flor y entender mejor porque me recuerda a ti... ugh...
Ella bajo la mirada, aún apenada por ese suceso a pesar de haber pasado tanto tiempo. El tono de voz de la chica lo hizo reír de forma inevitable.
— Jajaja, tranquila, simplemente no lo notaste. Además, yo no uso bastón ni nada, siempre lo disimulo. Para mí tiene sentido y es mejor que no lo supieras hasta que te lo dije.
— Sí... supongo que tiene sentido.
— ... Tal vez nisiquiera era necesario que lo supieras.
— ¡¿Eh?! ¿Por qué dices eso? ¿Cómo nos íbamos a hacer amigos si yo no hubiera conocido tu condición? Me alegra que me contarás, ese fue el primer paso.
Escuchar aquello, hizo que volviera a sonreír. Su corazón comenzó a latir nerviosamente otra vez y las flores cerca de él reaccionaron a ello, teniendo ahora un color y aroma más intensos.
— Tienes razón, Ale. Tengo mucha suerte de haberte conocido.
Expresó con profunda sinceridad, haciendo sonreír ampliamente a la chica.
— Yo también soy afortunada, jeje.
Era una lástima no poder ver la bella sonrisa en el rostro de la chica, pero, tal vez era mejor así, porque en cada de sí poder verla, las flores se pondrían a gritar lo que siente. Alessa se había vuelto lo más importante para él, después de todo, su familia se deshizo de él en cuanto pudo, ya que lo despreciaban por su condición, a pesar de que es bastante autónomo y no representa una carga. Su única amiga era ella. Por eso reprimía aquellos sentimientos, por temor a que fueran rechazados... lo que no sabía es que las flores detrás del mostrador eran un espectáculo de emociones cada vez que él estaba presente. Las flores siempre hablaban por ellos, lástima que uno de ellos no las veía y la otra... no se atrevía a dar el paso.
Él se la pasaba casi todo el tiempo, todos los días, en aquella floristería, solo se iba de allí cuando tenía que trabajar y ella, se la pasaba conversando y riendo con él. Las flores a su alrededor eran cada vez más radiantes, todo gracias a sus fuertes sentimientos, que eran cada vez más difíciles de ocultar.
Un día... él por fin tomó valor.
— Alessa... ¿Quieres ir a cenar conmigo?
Escuchar ésto le causó un rubor en sus mejillas a la chica, lástima que él no podía ver lo bonito que era, pero sí podía escuchar su respiración nerviosa.
— Me encantaría, Will.
Para él, escuchar aquella melodiosa voz contestarle aquello, era felicidad absoluta.
Ella se preparó para salir, él la espero y se levanto de su asiento cuando escuchó sus pasos. Ella lo tomó de la mano y le dió un dulce beso en la mejilla, haciendo que él sintiera como se calentaban, pues se había ruborizado. Luego fueron a comer aquel restaurante, fue una preciosa noche.
Entre tantas conversaciones que han tenido, hay una especialmente bonita.
— Qué lástima no poder verte.
— Cariño, siempre dices eso.
— Es que sé que eres hermosa y me da lástima no poder verlo, pero me pone feliz sentirlo.
...
Y por si se lo preguntan... sí, se casaron e incluso tuvieron hijos.
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🌷 Qué lástima no poder verte. 🌹
RomanceONE SHOT. 🌹 Está historia de amor ocurre en una floristería especial. 🤍🌷
