Fresas de Abril

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La pequeña estancia empezaba a iluminarse por los primeros rayos del sol de la mañana que se iban colando, poco a poco, por el sutil ventanuco, acariciando la litera en la cual dos cuerpos se dejaban atisbar.

Las paredes encaladas sin apenas adornos, más allá de un pequeño espejo, agradecieron el suave roce de los haces de luz de la mañana.

Desde fuera de la estancia, unas voces empezaron a hacer que las ocupantes de las habitaciones contiguas, comenzaran a hablar despertando al resto de los habitantes del edificio.

— Vamos niña que ya están empezando a llamar a las filas

Una voz ronca, fuerte, como sacada de un pozo, provenía de la parte de arriba de la litera donde los dos cuerpos remoloneaban.

— Ya voy Maca, déjame cinco minutos más

— Ni de broma Juana— y como una centella una almohada fue a caer directamente sobre el cuerpo que yacía sobre la litera de abajo

— Serás....ya verás tu.

Las risas se mezclaban con los tortazos de las almohadas hasta que unos golpes en la puerta, dejó en suspenso el juego de ambas mujeres.

— González, Serradilla.... Tenéis cinco minutos dejaros de juegos — una voz masculina, se coló desde la otra parte de la puerta.

Ambas se miraron a los ojos sonriendo.

— ¿Te veo en el patio? — pregunto Maca con el cepillo de dientes en la boca

— Si claro, si el pesado de Antonio me deja salir a mi hora ya sabes cómo se pone los martes, y tiene cocina

— Anda ya...pero si le tienes comiendo en la palma de la mano

Una almohada volvió a volar sobre la cabeza de la morena, que la esquivó con pericia a costa de dejar caer el cepillo sobre el pequeño lavabo.

— Ya te he dicho que cuanto más lejos lo tenga mejor...

— No te lo crees ni tú.

Unos pequeños ribetes de color rojo adornaron las mejillas de Juana mientras que terminaba de vestirse con el delantal, y apartaba la vista de su compañera de cuarto.

Las dos esperaban en la puerta a que se abriera, un suave cerrojazo hizo quela luz del pasillo entrara, dejando paso a una figura uniformada que entro en la habitación.

— Buenos días Maca, Juana...ya sabéis las normas al fondo. Toca registro.

— Buenos días Susana, ya sabemos, quietas y en silencio si no queremos problemas.

— Buenas chicas.

Ambas retrocedieron, hasta quedarse con la espalda pegada a la ventana del fondo. Esperaron pacientemente a que las dos guardas terminaron de registrar la pequeña celda en las cuales estaban recluidas.

— Todo en orden, ya podéis salir. Juana a cocina y Maca tú a la biblioteca, esta semana te toca guardia.

— Vale Susana.

Desde el corredor que se veía tras la puerta, se abrían centenares de celdas, de las cuales salían mujeres.

En el centro una torre elevada terminaba en una almenara en la cual varias personas uniformadas con unos binoculares observaban arriba y abajo como caminaban por los pasillos. Al principio de la estancia en la cárcel Juana se asustaba cada vez que veía el reflejo de los prismáticos y la imagen de las armas colgadas de las cinturas de los vigilantes, pero con el paso de los meses se había acostumbrado a la vida allí dentro.

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⏰ Última actualización: Sep 21 ⏰

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