Prólogo

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Dicen que nacer con todo no garantiza ser feliz.

Odelia Moretti era prueba viva de eso.

Desde que tenía memoria, su vida estuvo rodeada de mármol blanco, cenas de gala, y flashes de cámaras que captaban cada uno de sus movimientos.

Su apellido era sinónimo de poder, su rostro adornaba revistas de sociedad, y sus padres no perdían oportunidad para mostrarla como la joya más valiosa de su imperio.

Y sin embargo, cuando se miraba al espejo, lo único que veía era una chica atrapada en una jaula de cristal.

Odelia era hija única.

Siempre lo fue.

Desde niña, aprendió a ser perfecta.

A hablar con suavidad en público, a mantener la espalda recta, a sonreír sin exagerar.

Sus modales eran impecables, su belleza natural e hipnótica.

El tipo de belleza que hacía girar cabezas y levantar expectativas.

Desde los cinco años, asistió a las mejores academias.

Sus padres la adoraban, sí. Pero la adoraban como se adoraba a una obra de arte: la cuidaban, la mostraban, la moldeaban... pero no la escuchaban.

—Serás una líder, Camila —le decía su madre, mientras le acariciaba el cabello con delicadeza—. Una esposa digna de un heredero poderoso.

"Eso es lo que mereces"

—Y tendrás todo lo que sueñes, menos preocupaciones. No naciste para desgastarte en cosas tontas—añadía su padre, mientras firmaba contratos millonarios sin mirar atrás.

Pero lo que ellos nunca supieron —o no quisieron saber—, era que el sueño de Camila no se parecía en nada a lo que esperaban de ella.

Ella no quería ser la esposa perfecta, ni la anfitriona ejemplar.

Quería ser doctora.

Quería estudiar medicina.

Quería salvar vidas.

No le importaban las joyas, ni los vestidos de diseñador, ni los apellidos de otros herederos con los que sus padres fantaseaban.

Lo que Odelia anhelaba era mirar un corazón latiendo en una sala de urgencias, no en una caja de regalo.

Lo había dicho una vez. Solo una.

—¿Doctora? —su madre la había mirado como si hubiera escupido una blasfemia—. ¿Tú? ¿Metida en hospitales llenos de sangre y gente enferma y pobre?

—Eso no es vida para ti, hija —dijo su padre—. Tú estás destinada a algo mucho más grande.

"Déjanos guiarte"

Desde entonces, lo guardó en silencio.

Enterró su sueño bajo capas de obediencia, de sonrisas falsas, de notas perfectas en materias que no le interesaban.

Y ellos la seguían presumiendo.

"Nuestra hija es un ángel", decían.

"Tan brillante, tan bella. La perfección hecha carne".

Y sí, Odelia era perfecta.

Sacaba las mejores notas, ganaba concursos, hablaba tres idiomas.

Pero el dolor más grande era saber que nadie a su alrededor conocía su verdadera voz.

Así llegó el último año.

Su padre había dicho que era hora de asistir al Instituto Saint Riverton, la escuela más prestigiosa para hijos de la élite.

—Allí harás conexiones importantes —dijo él—. Tal vez conozcas al joven adecuado.
Camila solo asintió.

La noche antes de partir, se encerró en su cuarto, mirando la maleta impecablemente empacada por su madre y la lista de eventos sociales que ya estaban organizados para ella en el nuevo curso.

Y pensó: Tal vez allí pueda empezar a respirar.

Tal vez allí, entre toda esa gente rica, pueda encontrar algo real.

O a alguien.

Alguien que no quiera moldearla, ni presumirla, ni controlarla. Solo... verla.

Porque detrás de cada mirada dócil y cada vestido de gala, había una chica que ardía en silencio.

Una chica con un sueño que nadie quería ver, con una vida que no le pertenecía.

Una chica a punto de cruzar el umbral de un mundo que juraba conocer, pero que nunca la había visto realmente.

Saint Riverton sería el escenario.

Ella, la máscara.

Y muy pronto, entre pasillos lujosos y secretos bien guardados... alguien iba a romperla.

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⏰ Última actualización: May 21, 2025 ⏰

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