El viaje a la casa de Fushiguro es silencioso, pero no un silencio agradable, es inquieto, incómodo.
Sukuna culpa a Toji, no sólo por el mal humor actual, pero por joderle la cabeza de una forma tan inconsciente que le hace sentir estúpido. Se maldice a sí mismo, también, porque después de todo está así ahora mismo por su capricho inicial de querer hacerse un espacio en la vida de un hombre que estaba convencido de haber agotado todos los cupos alguna vez existentes de su afecto. Tampoco esperaba que las cosas resultaran así, después de todo, él simplemente había escuchado una recomendación de su sobrino por la única vez en la que parecía que el chico tenía algo útil para decir ése día donde tuvo complicaciones con el auto.
“El papá de mi amigo es mecánico” le dijo Yuuji esa vez, pero la premisa era demasiado inofensiva u ordinaria para que en ese entonces pudiera predecir su eventual caída a la locura. Así que esa tarde se había presentado en la casa de los Fushiguro, y fue recibido por un tipo alto, musculoso y ordinario que no le prestó mucha atención porque estaba muy ocupado detrás del capó de un auto antes de dirigirse a él siquiera. Y, ¿cómo mierda se supone que no va a molestarle? Él era Sukuna, el autoproclamado mejor profesor del colegio donde trabajaba, que no caía por ningún esfuerzo mediocre de sus alumnos o era víctima de los chistes internos de los adolescentes a los que enseñaba porque ni el más bravo se atrevía y de repente tuvo que repetir un “buenas tardes” porque el maleducado del mecánico no lo escuchó o pretendió no hacerlo hasta decidir que podía atenderlo y encima aprovecharse de la ignorancia técnica del profesor de literatura para cobrarle una barbaridad.
En su mente volvió a reproducirse la escena como un disco rayado en el que uno tiene la esperanza de que milagrosamente se arregle ésta vez, pero lamentablemente él y Toji nunca tuvieron una solución para empezar o la intención siquiera. Lo de ellos era un simple juego retorcido de tira y afloja al que se volvió adicto porque el caos era lo que le movía la sangre. Lo odia, la forma en la que vió potencial en esa cicatriz en la esquina del labio y manos que no tenían miedo alguno de ajustar los cables de una batería completamente desnudas, o el ocasional ronquido espontáneo en su voz cuando le dijo que dejara el auto ahí, que lo iba a revisar. Conocía a Megumi, alumno suyo, probablemente el mejor de su curso, y conocer a su padre hizo sentido en su cabeza de una forma extraña. Tenían el mismo porte malhumorado e indiferente, aunque el nene parecía haber heredado cierta delicadeza o tal vez simplemente modales que a Toji le escaseaba, lo que asumió era de parte de su mamá, y el asunto quedó ahí.
Había encontrado la forma de estudiar al tipo que logró desencadenar una reacción donde el desagrado y el interés se mantenían en equilibrio, sacando a flote sus manías semi violentas que descansan bajo su capa más superficial de piel en búsqueda de un estimulante. Sukuna siempre fue inteligente, siempre superior en algo, a cambio de su cordura. ¿Pretender que su auto tenía un problema para echarle otra mirada al mecánico? no, él iría más allá e intencionalmente ocasionaría un fallo, deslizándose fuera de sus bordes de perfección que eran equitativamente compensados con lo que obtenía después.
Así que en algún punto abandonó el desquicio de intencionalmente dañar su propiedad y simplemente empezó a aparecerse en el garage de Fushiguro como quién no quiere la cosa, silenciosamente adjudicando relevancia a su presencia y a su ausencia, más que nada. A este punto, detesta la forma en la que su mente reproduce los hechos desde la primera conversación hasta la semi discusión que terminó con ambos frotándose detrás de la camioneta de uno de los clientes de Toji, porque en ese punto del relato no puede evitar que se le ponga dura y se olvide de su enojo inicial.
No obstante, esta no es como las otras veces. Aprieta el volante con las dos manos, de la bronca, al reproducir la conversación de la semana pasada, ¿por qué tenía que vivir a media hora de distancia este tipo, haciéndole pensar en todo?
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Lo que te atormenta • Toji x Sukuna.
FanfictionRyomen Sukuna no puede soportar que un fragmento de la vida de Toji sea ignorado por él. Él no ama. Él elige, controla, hace y deshace a su parecer todo lo que satisface su mente hambrienta de obsesión. Toji Fushiguro se resiste a ser conocido por...
