En una ciudad con edificaciones que parecían tocar el cielo, donde el viento era un susurro y el sol emanaba lágrimas ardientes tan brillantes que no se distinguían a simple vista, vivía un joven muchacho con la cabellera de hebras suaves color azabache, su piel delicada como la porcelana, y sus ojos verdes como la esmeralda, con un brillo especial como una estrella en la tenue noche. "Shidoi" era el nombre que le correspondía a aquel bello muchacho, único en su ciudad, pues nadie portaba un color tan blanco como las nubes en su piel.
Un día donde los rayos del sol te quemaban hasta las entrañas, Shidoi fue a su escuela, una grande con paredes blancas que parecían llegar al cielo y pilares de color como la noche. Aquel niño se encontraba leyendo con sentimiento en su mente hasta que escuchó que la clase iba a comenzar. Se puso atento a las indicaciones de sus superiores. Al terminar las primeras horas y comenzar el receso, un par de chicos se le acercaron; como siempre, él ya estaba acostumbrado. Un chico llamado Okatshu, con cabellos rubios y piel morena, con ojos azules cual zafiros, era el chico que le agradaba desde hace un tiempo antes de que se juntara con aquellos otros dos. Ahora se juntan para venir a buscarlo, pero ¿por qué no sentía nada? Ya no le importaba; sabía que solo serían insultos y que nada más pasaría... Okatshu se acercó al albino y, con una sonrisa
que no alcanzaba a iluminar su mirada, le dijo en voz alta: "¡Mira quién se ha vestido de fantasma hoy! ¿No sabes que el blanco es un color que no se lleva en la escuela? ¡Deberías irte a un desfile de fantasmas!"
La risa de sus amigos resonó como un eco cruel, y Shidoi sintió cómo su corazón se encogía. A pesar de los insultos, en lo profundo de su ser había una chispa de esperanza que se negaba a extinguirse. Había algo en Okatshu que lo atraía, una conexión que no podía entender del todo. Pero esa conexión chocaba con la realidad brutal de su situación. Mientras los demás se reían, él solo pudo sonreír débilmente, intentando ocultar el dolor que le causaban esas palabras.
Los días pasaban y las burlas continuaban. Cada vez que Okatshu lo atacaba con sus palabras hirientes, un conflicto interno se desataba en el chico rubio. Por un lado, disfrutaba de la atención que le brindaba a Shidoi; por otro, se sentía atrapado en su propio orgullo y miedo a ser vulnerable. Era más fácil seguir con la fachada de "chico malo" que enfrentar sus verdaderos sentimientos. En el fondo, había algo que lo atraía hacia Shidoi, pero estaba demasiado asustado para aceptarlo.
Una tarde, mientras todos estaban en el patio durante el receso, Okatshu decidió dar un paso más lejos. Se acercó a Shidoi con una actitud desafiante y le lanzó una botella vacía de agua. "¡Atrapa esto, fantasmín!" gritó mientras sus amigos estallaban en carcajadas. Shidoi se agachó rápidamente para evitar el golpe y sintió cómo la humillación le ardía en las mejillas.
En ese momento, algo cambió dentro de él. La tristeza se transformó en rabia y decidió que ya no iba a dejarse afectar por esos abusos. Se levantó con determinación y miró a Okatshu directamente a los ojos. "¿Sabes qué? Estoy cansado de tus juegos. Si realmente eres tan fuerte como dices ser, ¿por qué te dedicas a molestarme? ¿Acaso tienes miedo de mostrar quién eres realmente?"
Las risas se detuvieron abruptamente. Okatshu sintió una punzada de incomodidad al escuchar esas palabras. La verdad era que siempre había sentido algo por Shidoi; admiración mezclada con confusión y temor a lo desconocido. Pero nunca podría admitirlo ante sus amigos o incluso ante sí mismo.
Sin embargo, la frustración fue más fuerte que cualquier sentimiento sincero que pudiera tener hacia Shidoi. Decidió continuar con su papel y respondió con desdén: "¿Y qué si me gusta? No importa lo que sienta; eres solo un bicho raro".
El clima en el patio cambió drásticamente. La tensión era palpable y Shidoi sintió cómo las lágrimas amenazaban con salir, pero no quería mostrar debilidad. Sin embargo, esa noche no pudo dormir; las palabras de Okatshu resonaban en su mente como un eco doloroso.
Los días siguieron transcurriendo entre insultos y burlas, hasta que llegó la noche fatídica. Era una noche oscura y tormentosa; los relámpagos iluminaban brevemente el cielo mientras la lluvia caía sin piedad sobre la ciudad. Shidoi decidió dar un paseo para despejar su mente atormentada.
Mientras caminaba por el parque donde tantas veces había sido víctima del acoso, encontró un refugio bajo un árbol frondoso. Allí pensó en lo difícil que era ser diferente en un mundo tan cruel y cómo deseaba ser aceptado tal como era.
De repente, escuchó pasos acercándose; era Okatshu acompañado de sus amigos. En lugar de huir, Shidoi decidió enfrentarlos una vez más. "¿Qué quieren ahora?" preguntó con voz temblorosa pero firme.
Okatshu avanzó hacia él, esta vez sin sus amigos riendo detrás; parecía más serio. "Vine a decirte algo", comenzó, pero fue interrumpido por uno de sus compañeros que soltó una risa burlona: "¿A decirle qué? ¿Que eres un cobarde?"
La tensión aumentó nuevamente y Okatshu miró a su amigo con enojo antes de volver su atención a Shidoi. "No importa lo que piensen ellos", dijo finalmente, "pero yo... yo solo quería saber por qué sigues aquí si todos te odian".
Shidoi sintió un atisbo de esperanza al escuchar esas palabras, pero también temor ante la posibilidad de ser herido nuevamente. "Porque tengo derecho a estar aquí tanto como tú", respondió con valentía.
Pero esa noche sería diferente; las emociones contenidas estallaron cuando Okatshu perdió el control ante la presión del grupo y empujó a Shidoi contra el árbol con fuerza desmedida. La tensión alcanzó su punto máximo cuando el chico albino cayó al suelo.
"¡Eres solo un débil!", gritó Okatshu mientras sus amigos reían nuevamente. Pero esta vez algo dentro del joven rubio se rompió; ya no podía soportar más esa lucha interna entre lo que sentía y lo que debía mostrar.
La lluvia seguía cayendo intensamente mientras las lágrimas caían por las mejillas de Shidoi; sentía cómo su corazón se rompía al ver esa faceta cruel del chico al que había admirado en secreto.
En ese momento decisivo, todo cambió para siempre cuando uno de los amigos de Okatshu tomó una piedra del suelo y la lanzó hacia él gritando: "¡Termina con esto ya!".
Shidoi intentó levantarse para defenderse pero fue demasiado tarde; la piedra impactó en su cabeza y cayó inconsciente al suelo empapado por la lluvia.
Okatshu observó horrorizado cómo su vida estaba cambiando ante sus ojos; no podía creer lo que había hecho ni lo que había permitido hacerle a alguien tan especial como Shidoi.
Los gritos se apagaron rápidamente mientras todos huían del lugar dejando atrás al chico albino tendido sobre el suelo frío y oscuro.
La noche terminó con una tragedia irremediable: Okatshu quedó atrapado entre su orgullo herido y sus sentimientos reprimidos por alguien a quien nunca tuvo el valor de aceptar... Y así quedó marcado para siempre como el chico cuya arrogancia llevó a otro joven sensible al borde del abismo.
En ese instante final bajo la tormenta implacable, donde las lágrimas del cielo parecían llorar junto a él por lo perdido, comenzó la verdadera noche de su muerte... No solo física sino emocionalmente marcada por la culpa eterna e irreparable por haber dejado escapar lo más valioso: la oportunidad de amar sin miedo ni prejuicios.
FIN
O
Continuará?
(Deja en los comentarios si quieres que está historia continúe) ¿Shidoi está vivo?
YOU ARE READING
LA NOCHE DE TU MUERTE (CORTO)
RandomEsta pequeña historia narra un suceso algo peculiar
