1. Amar a una persona vacía

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No lo odiaba, pero había algo en Juha que empezaba a incomodar profundamente a Doyoon. Ya no era solo que Juha siguiera rechazando sus besos con empujones toscos, o que cuando apenas lograba acercarse para abrazarlo, él se opusiera diciendo un cortante "ya es suficiente". Pero, ¿qué era suficiente? Apenas si lo había tocado.

Doyoon fue comprensivo; jamás obligaría a Juha a hacer algo con lo que no se sintiera cómodo. Sin embargo, el hecho de que incluso siguiera ignorándolo en la escuela era suficiente para creer que algo andaba mal. Pensó que Seheon exageraba cuando en medio de una divertida conversación le dijo en un tono cuidadoso que Juha en realidad no quería estar con él. Doyoon intentó con todas sus fuerzas no ofenderse, aunque su rostro expresó lo contrario. Seheon se dio cuenta y se disculpó, aún así, aquellas palabras se clavaron como espinas en su pecho.

No. Juha lo quería, ¿verdad? De ser así, nunca habría aceptado salir con él.

Conforme los últimos días en la escuela avanzaron, Doyoon alejó por su propio bien todo pensamiento que incluyera a Juha y su frío comportamiento, pues desde hacía semanas que el mayor se comportaba un poco más distante. Lo atribuyó a que su novio estaba bastante estresado con los exámenes de ingreso y el festival de música del que ambos eran parte junto con Seheon y Taiyi. Su gran preocupación, por el momento, era practicar como un loco la batería, pues había escuchado que la probabilidad de ganarse una beca en la gran escuela de artes de Seúl era de un cien por ciento, ya que a la graduación asistirían grandes maestros de música.

Doyoon dejó de lado las partituras que Seheon le pidió que revisara y tomó su celular. Habían pasado horas desde que envió un mensaje de texto a Juha y este solo lo dejó en visto. Un dolor agudo se instaló en su pecho. Tal vez si dejara de ser menos insistente y escandaloso, Juha le prestaría más atención. El sonido de una notificación le sacó de sus pensamientos y echó un vistazo a su pantalla.

De: Juha hyung <3
Voy a tu casa

Doyoon saltó emocionado y con una alegre sonrisa comenzó a limpiar su habitación. Sus padres no estaban así que la visita de su novio no sería un gran problema; no podrían interrumpir nada. Pasaron algunos minutos antes de que se oyera el ruido del timbre. Doyoon se acercó hasta la puerta para abrirla con entusiasmo, asomó su brillante cabello azul por la abertura y vio a Juha allí parado con su rostro serio, como de costumbre, aunque algo se sentía diferente. La rigidez en su postura era inusual, casi agresiva.

—Hyung... pasa —Doyoon se limitó a saludarlo.

Su novio entró a pasos firmes y sin rodeos se paró frente al peliazul.

—Doyoon, hay algo que debo decirte.

Por un momento, Doyoon pensó que Juha iba a disculparse por estar tan ausente y ser tan tosco. Eso le calentó el corazón y todos los escenarios desastrosos que armó en su cabeza cuando vio a Juha se esfumaron. Así que se acercó hasta él para abrazarlo del cuello, pero fue detenido.

—Doyoon, aléjate de mí.

—Juha... ¿qué? —Doyoon se apartó confundido. Evidentemente algo andaba mal y temió tanto que fuera su culpa—. No entiendo.

—¡¿Qué mierda no entiendes?! ¡Estoy terminando contigo!

—...¿Terminando? —murmuró, la palabra se sintió ajena en su boca. Sus ojos comenzaron a picar. De alguna forma, ya esperaba esa oración, solo que no tan pronto. Dios, no llevaban más de cuatro meses saliendo y, sin embargo, el inmenso cariño que sentía por Juha era tan grande como su amor por la música—. Pero tú... aceptaste salir conmigo.

—Acepté por conveniencia, para que esos tipos no volvieran a golpearme.

Doyoon se quedó en silencio por lo que pareció un largo rato. Las lágrimas en sus ojos no le permitieron ver a Juha; la pesadez en sus hombros se volvió más intensa. La verdad era como una mala nota en el piano.

—No nos volvamos a ver.

Esas últimas palabras y el azote rudo de la puerta fue lo último que escuchó por parte de Juha. El estruendo resonó por toda la casa, vibrando en sus huesos. Doyoon siguió inmóvil, mirando el espacio vacío donde hacía un segundo estuvo Juha. No se trató de su personalidad escandalosa, ni de su insistencia, ni siquiera de que hubiera hecho algo mal.

Se entregó a una mentira para proteger a alguien que nunca lo quiso.

El aire se le fue de los pulmones. Se llevó una mano temblorosa a la boca, intentando contener un sollozo que se sintió más como un grito mudo y desesperado. Sus rodillas fallaron. Se dejó caer al suelo de madera, donde la alfombra no amortiguó nada. Las lágrimas, antes contenidas, ahora corrían a borbotones empapando sus mejillas y las manos con las que intentó limpiarse torpemente y que Juha nunca se molestó en sostener con cariño.

Cuatro meses. Cada sonrisa forzada, cada caricia rechazada, cada sutil rechazo hacia su persona ahora cobraban sentido. Seheon no había exagerado. Su amigo tenía razón. Y lo peor de todo es que ingenuamente se había aferrado a la idea de que su amor sincero podría derretir el frío. Pero Juha no estaba frío, estaba vacío, y Doyoon solo fue un escudo desechable.

Se acurrucó contra la puerta, sintiendo el frío de la madera en su espalda como un abrazo áspero. Su celular vibró en algún lugar de la sala; era una notificación del chat grupal del festival de música. Tenían ensayo en dos horas, pero, ¿cómo podía asistir si su frágil corazón se estaba haciendo pedazos? El brillo de la posible beca en Seúl se apagó de repente. La batería, la música, el arte, todo lo que amaba de repente sonó como un eco lejano e insignificante. No había espacio en su cabeza para partituras ni ritmos, solo quedaba el dolor punzante, el peso de haber amado a un chico vacío. Y en ese suelo, con la espalda pegada a la puerta, Doyoon se permitió romperse.

—Idiota —susurró a la puerta, con la voz rota. No supo si se lo decía a Juha o a sí mismo.

Probablemente a ambos.

EresWhere stories live. Discover now