Carmen había aprendido, casi por instinto, que para encajar en su generación debía moldearse a las situaciones casuales. Nunca fue del tipo que se hacía la indiferente cuando se trataba de entregarse sin reservas, de ofrecerse por completo. Pero, con el tiempo, comenzó a perderse en ese juego, a hacerse pequeña, más pequeña de lo que alguna vez pensó que el amor exigía. Se convenció de que tal vez, solo tal vez, recibir respuestas tardías, soportar roces superficiales, aceptar planes con "tal vez" que rara vez se convertían en algo real, era la forma en que hoy en día se demostraba el afecto.
El verano en su pueblo natal ya se había ido, pero el calor persistía, atrapado en el aire espeso de las tardes interminables. Lucas, como el sol abrasante, irrumpió en su vida con una promesa que nunca llegó a cumplirse. Olía a imprudencia, a adrenalina, a esa mezcla de cosas que Carmen había aprendido a aceptar como amor: fugaz, incandescente, pero efímero. Él, como un espejismo, la mantenía en el borde de un acantilado, con la esperanza de que, si se acercaba lo suficiente, podría alcanzarlo. Carmen seguía diciéndose que, tal vez, esta vez sería diferente, que esta vez, él se quedaría el tiempo suficiente para verla de verdad, para verla a ella, para finalmente elegirla.
Pero no lo hizo.
Nunca la eligió. No de verdad. Ella siempre fue la sombra de quien Lucas realmente amaba, una distracción, un paréntesis en la nostalgia de un amor que no le pertenecía. Carmen era el refugio de alguien más, pero jamás alguien sería su refugio. No era su destino, sino solo el lugar donde se detenía cuando necesitaba descansar.
Esa noche, después de otro encuentro casual, Carmen, sin saber cómo, dejó que su corazón se desbordara en palabras. En un momento de vulnerabilidad, sin saber que esa sería la última vez que se entregaba tan completamente, le confesó a Lucas cómo se sentía. La respuesta de él fue directa, sin rodeos, casi brutal en su sinceridad: "Puedo estar contigo, Carmen, pero si ella regresa, no dudaría en volver con ella. Lo siento, no puedo ofrecerte más que esto."
Esas palabras retumbaron en su pecho como una campana oxidada. Un eco lejano de algo que siempre había temido: que nunca sería suficiente, no por lo que era, sino por lo que Lucas había perdido. Carmen no podía entenderlo, pero sabía que algo se había roto. Su corazón, que alguna vez latió con la esperanza de ser la elegida, ahora latía con un dolor feroz, como un fuego que no se apaga, pero que se consume lentamente.
Lucas no la eligió. Y eso, en su dolor, era la verdad que Carmen ya conocía demasiado bien.
Carmen dejó de escribir. Dejó de mandar mensajes primero. Dejó de buscar la conexión en los lugares donde siempre había sentido vacío. El diario, esa extensión de su alma, quedó guardado en la gaveta, sin palabras, sin el eco de sus pensamientos. Se alejó de su esencia, de la parte de ella que había aprendido a mostrar, la parte que nunca había dejado de buscar algo más. Sonreía a través del dolor y decía cosas como: "todo está bien" o "yo estoy bien, he salido de peores " Pero por dentro, todo era un caos. Todo era un vacío que no sabía cómo llenar.
Y mientras tanto, en su mente, aún ardía ese amor de los libros que leía, ese amor que siempre había soñado, el que se encendía como una llama en el pecho, sin dejar de arder, sin apagarse. Ese amor que esperaba encontrar, uno que lo transformara todo. Pero con Lucas, ese amor nunca llegó. Ella nunca fue la elegida. Solo la opción que él tomaba cuando necesitaba algo.
Una parte de ella lo entendió, al fin. Comprendió que no importaba cuántas veces cambiara, cuántas veces intentara ser la versión de sí misma que él deseaba, él jamás la elegiría. La última vez que sus ojos se encontraron, algo en Carmen se rompió y, al mismo tiempo, algo se liberó. Fue una revelación que llegó como un suspiro, casi sin ruido, como si todo el dolor que había guardado en su pecho por años se deshiciera en ese preciso momento. La única que debía elegirse era ella misma.
El amor no se mendiga. No se pide, ni se recibe en migajas.
Y así, en el silencio de esa noche, en el vacío que se hizo tan palpable, Carmen comprendió por primera vez que, aunque todo hubiera terminado en desilusión, ese silencio también traía consigo una paz que nunca antes había conocido.
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Venus
Romance¿QUÉ OCURRE CUANDO LAS CONSTELACIONES TRAZAN UN NOMBRE SOBRE TU PECHO, PERO TU VOZ NO SE ATREVE A PRONUNCIARLO? En Venus, el amor gravita en los márgenes: se esconde en un cuaderno viejo, se suspende en una azotea bajo el eclipse, se alumbra en dos...
