1:ese man no me gusta... creo

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Pov's Pau 🐍✨:

No sé por qué putas acepté salir. Estaba vuelta mierda del trabajo, del estrés, del jefe lambón que todo el día me gritaba por cosas que ni eran culpa mía. Pero bueno… mis amigas insistieron tanto que terminé aquí, en un bar fancy del norte de Bogotá, con luces bajitas, reguetón durito y olor a perfume caro.

—Parce, Paula, mírese… está divina —dijo Isa mientras se reacomodaba los labios con brillo—. Esa falda le está matando a medio local. No se haga la boba.

—Sí, sí… lo que quiero es un trago y ya —respondí encogiéndome de hombros.

Pero ni bien terminé de hablar, se armó un alboroto en la entrada del bar. La música bajó, como si el DJ mismo se hubiera distraído. Varios celulares se levantaron al aire. Y yo, curiosa, me volteé a ver qué carajos pasaba.

Ahí fue.

Entraron todos juntos como si fueran los reyes del mundo. Blessd al frente, con gafas oscuras y una chamarra de cuero que se notaba era carísima. Detrás, Feid saludando como si conociera a todos. Y entre los cantantes, se colaban los cracks de la Selección Colombia: Lucho Díaz, James, y ahí… en medio de todos, el que parecía no estar ni intentando llamar la atención pero se robaba todas las miradas.

Richard Ríos.

—No puede ser —dijo Michel con un gritico ahogado—. ¡Mire esa entrada! ¡Mire quién entró! ¡Maricaaaaaa, Blessd ,Richard Ríos y James Rodríguez en el mismo lugar!

Yo solo tragué saliva. Porque lo vi.

Camisa negra, abierta hasta el tercer botón, la cadena brillando contra el pecho moreno, los brazos marcados, la barba perfecta. Y ese caminar… Dios. Ese man caminaba como si el piso le debiera respeto.

—Ese es Richard Ríos y James Rodríguez—confirmó Isa, agarrándome del brazo—. ¡Marica, ese man de Richard está hecho un pecado!

Yo no dije nada. Solo lo miré. Y sí, me lo imaginé de inmediato. En mi cama. En mi sala. En la pared. Donde sea. Ese man no era normal.

—Mucho creído, fijo —alcancé a murmurar para disimular la calentura.

—Creído o no, yo le dejo que me diga qué hacer y le obedezco con gusto —se rió Mariana,una "amiga" que hicimos apenas nos sentamos en la mesa.

El combo de famosos se acomodó en una zona VIP del bar, donde nadie podía pasar sin invitación. Entre ellos se daban tragos, risas, saludos de puño. Blessd se subió a una silla y soltó un “¡Bogotá, los amo, gonorreas!” que hizo que todo el bar gritara. Pero yo no aparté los ojos de Richard.

Y él… tampoco los apartó de mí.

Me estaba mirando. Directo. Sin miedo. Como si me conociera. Como si ya supiera lo que yo estaba pensando. Y sonrió.

Hijueputa sonrisa.

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Pasó un rato. Yo ya estaba con el segundo trago encima, el cuerpo más suelto, la lengua más afilada. Bailando sola, sin pensar, dejándome llevar por la música. Y cuando me giré… ahí estaba.

No Blessd. No Feid. No James. Él. Richard. A menos de un metro. Viéndome. Jugando con el vaso en su mano como si el tiempo no existiera.

—¿Y esa mirada qué? —le solté, porque no me gusta que me cojan como boba.

—Estaba esperando a que usted viniera a hablarme —me dijo, con voz ronca, baja, casi un susurro.

—¿Y quién le dijo que yo quería hablarle?

dócil para el - Richard Ríos Stories to obsess over. Discover now