•Introduccion.- La partida del azulejo.

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A través de los cantos de las aves y las voces que se pierden en el mar, se cuenta sobre el Reino de Melini como si se tratase de un cuento más para contarle a los niños inquietos antes de dormir.

Un reino donde la tierra que se cosecha permite que todos puedan ser alimentados, el ganado está conformado por las más saludables criaturas jamás criadas, sus habitantes viven en perfecta armonía y el rey es un gobernante inigualable que vive en un castillo lleno de riquezas con tanto oro y joyas como uno podría imaginar, pareciera como si todo lo que se pudiera desear en este mundo existiera solo en aquel reino.

Una vez que se corrieron los rumores, la codicia y la envidia ocasionaron que muchos se adentraran hacia el mar en busca de Melini, cerca de las aguas de Kahka Brud en donde se decía que alguna vez existió una pequeña isla, pero todo aquel que zarpaba en su barco pronto desaparecía en el mar sin dejar ningún rastro, era como si algo se los tragara hasta no dejar nada más que los deseos de aquellos que no volvían y que seducían a otros de intentarlo.

Ningún rey o reina cuerdo hizo caso a las historias sobre el reino de Melini sin saber si era por miedo o para calmar su propio deseo de tomar todas las riquezas de las que se decían, por lo que por dos años ningún otro reino se atrevió a hacer algo al respecto, fue la Reina Heimea gobernante de los elfos del oeste y del Continente Norte Central quien estuvo atenta de cada rumor, leyenda y balada que se hacía de aquel misterioso reino y fue la única quien después de un tiempo tuvo éxito en entablar contacto con el rey, ofreciéndole unir lazos con ambos reinos a través de un matrimonio.

La monarca no contaba con descendientes directos y su única sucesora había muerto hacía varias décadas atrás, de igual forma ninguno de sus familiares sería capaz de cumplir con la tarea que conllevaría este matrimonio, por lo que la reina decidió tomar el único símbolo que refutaba el porqué las razas longevas como los elfos debían hacerse cargo de proteger a las razas cortas, el único sobreviviente de la mayor tragedia que haya sucedido por una mazmorra; Kabru de Utaya e hijo acogido de la Reina Heimea.

Cuando la respuesta del Rey de Melini llegó a través de una pequeña ave, los consejeros esperaron con una poca acostumbrada impaciencia al anuncio de la reina y fue solo cuando sonó la trompeta real que supieron que la propuesta había sido aceptada.

Y ante la noticia todos los elfos expresaron su alegría por el éxito de su reina, mientras que ella se encontraba en la torre más alta de su castillo con quien sería su ofrenda de unión, le recordaba el deber que debí cumplir entre susurros como si le preocupara que el Rey de Melini le pudiera escuchar a pesar de que un inmenso mar los separaba de sus respectivas tierras.

"Que la desgracia marcada en tu infancia, sea tu motivante para cumplir tu misión, mi pequeño azulejo."

Una daga le fue entregada en manos al joven, jamás había tenido la oportunidad de sostener un objeto como ese y sin embargo le fue cómodo apretar el mango de esta ante la mirada atenta de la reina.

"Solo deberás utilizarla cuando presientas que el caos se aproxima y tu corazón recuerde el miedo de perderlo todo, no deberás dudar o acobardarte...no puedes fallar."

Con eso dicho, los preparativos para la partida del joven Kabru comenzaron tal y como si temieran que el rey fuera a arrepentirse de la decisión.

"Encuentra la verdad oculta del Rey de Melini y dale justicia a mis Canarios."

Kabru solo pudo asentir en silencio mientras le sostenía la fuerte mirada a la Reina Heimea quien sus ojos carmesí y sus pupilas de diamante buscaban atravesar el azul del los ojos del joven deseando que su presencia jamás desapareciera sobre él como lo había hecho desde el momento en que llegó al castillo entre mugre y lágrimas secas.

"Es tu responsabilidad ahora."

[Equinox] LabruHistórias para pegar e não largar. Descubra agora