Los Ángeles, 01:36 a.m.
Bar "El Cuervo Rojo", sur de Vermont Ave.
-¿Qué me das si limpio yo el baño esta vez? -dijo Nico desde la barra, girando el cigarro entre los dedos.
-Un aplauso. Lento. Sarcástico -respondió Alexis, sin mirar, concentrada en alinear los vasos limpios.
-Tentador. Pero estaba pensando en algo más... físico.
-¿Ah, sí?
Ella le lanzó una mirada por encima del hombro. Le duró un segundo, pero le bastó para que él sonriera con esa confianza que a veces rozaba la arrogancia. Había dormido en su cama dos veces esa semana. Ninguna de las dos fue solo por dormir. Aun así, no eran nada. O eso repetían.
-Podría darte un mordisco -dijo ella, acercándose con un vaso en mano-. En la mano. Con los dientes.
Nico se rió.
-Tan cariñosa como siempre, Lex.
-¿Te sorprende?
-Me encanta.
Ella le sostuvo la mirada un segundo más del necesario y luego se dio la vuelta, negando con una sonrisa apenas visible. El aire entre ellos tenía esa tensión dulce que se sostiene justo antes de que algo se rompa. Pero también, esa sensación de que ninguno estaba dispuesto a dar un paso más.
El bar estaba en su peor hora: ni lo bastante temprano para estar lleno, ni lo bastante tarde para cerrar. Solo quedaban dos tipos borrachos en la esquina, el zumbido de las luces gastadas, y la televisión del fondo que murmuraba sin que nadie la escuchara.
-¿Quieres algo de música o dejamos que el televisor nos arrulle con su sabiduría? -preguntó Nico, caminando hacia la rockola rota como si pudiera revivirla con la mente.
-Déjala así -dijo Alexis, apoyando los codos en la barra-. Me gusta el murmullo.
-¿Desde cuándo te gusta algo en este bar?
-Desde que me pagan por no hablar con la gente.
-¿Y yo qué soy? ¿Una excepción?
-Tú eres un error administrativo que aún no han descubierto.
Nico sonrió.
-Tócame otra vez así y me enamoro.
Alexis soltó una pequeña risa, pero sus ojos se distrajeron hacia el televisor. La imagen era borrosa, pero captó un perfil que le hizo fruncir el ceño. Un movimiento de cabeza, una sonrisa reconocible incluso con la mala señal.
No puede ser.
-¿Qué pasa? -preguntó Nico al notar el cambio.
-Sube el volumen.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Hazlo.
Nico levantó las cejas, obedeciendo sin más. El sonido creció hasta llenar el silencio del bar. Y entonces, ahí estaba: Drew Starkey. En un set iluminado, con la sonrisa fácil que ella conocía demasiado bien. Más mayor. Más sólido. Pero aún él.
Alexis se apoyó en la barra sin decir nada.
-¿Ese es...? -empezó a decir Nico.
-Sí -lo cortó ella, suave.
-Mierda. Está cambiado. ¿Siempre estuvo tan... cuadrado?
-Estuvo filmando algo para OBX. Lo raparon. Le gustó.
Nico se recostó a su lado, como si ver eso con ella fuera parte de algo íntimo que no entendía del todo.
-¿Hace cuánto no hablás con él?
-Mucho.
-¿Tipo meses?
-Tipo años.
Drew hablaba con calma, contestando preguntas sobre su nueva película. Hacía bromas, coqueteaba con el público, jugaba a ser estrella. Y lo hacía bien. Como si siempre hubiese pertenecido ahí. Como si ese bar y ella fueran de otro universo.
Alexis sintió cómo algo en su estómago se tensaba. Pero no se movió. Ni un músculo.
-A ver, Drew -decía el tipo-, tus fans más antiguos recordarán esta joyita... A ver si tú también.
Y entonces, sin aviso, la imagen cambió.
Una foto.
Playa.
Risa congelada en el tiempo.
Ella y Drew. Muy jóvenes. Demasiado cerca.
Alexis parpadeó. Por un segundo, se vio en esa imagen. En esa piel vieja. En ese día.
-No puede ser... -susurró Nico, riéndose-Menuda coincidencia ¿No?-soltó una leve risa sarcástica.
-Sí. Puede.
Drew miraba la pantalla. No dijo nada al principio. Su sonrisa se había ido. Solo quedaba el gesto de alguien que acababa de abrir una caja que llevaba demasiado tiempo cerrada.
-¿Quién es ella? -preguntó el conductor, sabiendo exactamente lo que hacía.
Y Drew, tras una pausa, simplemente dijo:
-Alguien que significó mucho más de lo que yo supe manejar en su momento.
Alexis apagó el televisor sin apuro. Sin drama. Como quien cierra una puerta sin hacer ruido.
-Voy a fumar -dijo.
-No fumas.
-Tal vez hoy empiece.
Y se fue.
La puerta se cerró tras ella.
Afuera, el frío de la madrugada no decía nada.
Pero todo dentro de ella empezaba a hablar de nuevo.
