Comienza a escribir tu historia
Vuelta a casa.
Nunca creí que un simple viaje al otro lado del mar pudiera curarme tanto, los cambios a veces son buenos, te ayudan a encontrar a tu verdadero ser, lo que realmente quieres en la vida, a sanar en muchas ocasiones. No sé si el hecho de haber ido a trabajar a otro país me ha ayudado con todo eso, lo que si tengo seguro es que me siento distinta, sé lo que quiero y lo que no en mi vida, y por supuesto que ha hecho que ya no sienta nada por Cillian, que me haya olvidado por completo de él después de la última discusión que tuvimos la cual nos llevó a ambos a acabar dejando la relación definitivamente. Levanté la mano para parar a un taxi una vez desembarqué del avión y recogí mis maletas, montándome mientras este me llevaba de camino a casa, de vuelta a mi hogar mientras observaba por la ventanilla del coche el pueblo donde me críe desde que nací: Salem, ubicado en Massachusetts, sentí una punzada de nostalgia en el estómago al observar cada parte del pueblo que tan bien conocía como la palma de mi mano.
Solo he estado un año fuera desde que me fui a trabajar a una floristería a las afueras de Keukenhof situado en Holanda, Un pueblo repleto de flora y flores de todo tipo. La misma floristería tenía arriba la vivienda, por lo que, los dueños (que eran mis jefes) me dejaron instalarme en la antigua habitación de su hija mayor, pero siento como si hubiesen pasado 10 años. El taxi se detuvo en la puerta de mi casa, pagué al conductor, saqué las maletas del maletero y, tras darle las gracias, me encaminé a la puerta de casa llamando al timbre con un cosquilleo de nervios y una alegría inmensa que se instaló en mi corazón: por fin volveré a ver a mis padres y a mi hermano, los echaba muchísimo de menos.
Al abrir la puerta, la primera cara que vi fue la de mi hermano mayor Eyren, no dudó ni un segundo en acercarse a mí y estrecharme entre sus brazos abrazándome con más fuerza de lo habitual, le sigo el abrazo con una sonrisa de oreja a oreja, feliz de haber vuelto. Me separo de él y me quedo observándolo, notando como le creció más barba, tenía las facciones más marcadas y el pelo diferente, nos llevamos solo tres años, pero ya es todo un hombre. Sin embargo, yo a veces sigo sin creerme que este año ya he cumplido los veintidós.
—Como te he echado de menos Anyra, aunque no lo parezca viniendo de mi— veo como lo dice mientras suelta esa carcajada tan característica que él tiene, haciéndome recordad que por fin ya estaba en casa. Mientras seguía mirándome sonriendo y acariciando mi espalda, una vez se separó de mí.
—Yo también te he echado muchísimo de menos, y a papá y a mamá también, por cierto he traído varios regalos para cada uno— mirándole sonriendo, mientras me descolgaba la mochila de los hombros y me quitaba la chaqueta colgándola en el perchero que teníamos en la entrada de la puerta, me fijo que papá y mamá no estaban, intuí que estaban trabajando ambos así que aprovecho parar subir a mi habitación, deshaciendo todo el equipaje y guardando todo en su sitio, organizando el caos en el que se acababa de convertir mi habitación.
Pasadas como dos horas y una vez duchada y con ropa más cómoda, bajo de nuevo con Eyren sentándome a su lado en el sofá, contándole en resumen como me había ido el año, las personas tan maravillosas que había conocido, lo mucho que había aprendido sobre plantas y flores en la floristería, y sobre todo, lo mucho que había desconectado mentalmente y sanado también. Le doy los dos regalos que le traje, un llavero para el coche típico de la ciudad y una camiseta de su serie favorita que encontré de edición limitada en una tienda vintage.
—No tenías por qué traerme nada, gracias, me encanta, y me asusta también un poco lo bien me conoces— dice riendo mientras me abraza, agradeciéndome así los detalles que le di y los que parecía que le habían alegrado el día.
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VESTIGIO
FantasyAnyra Draven vuelve a casa creyendo haber dejado atrás una etapa rota de su vida. Un año lejos le ha servido para sanar, reencontrarse consigo misma y cerrar heridas. Pero algo ha cambiado. Hay detalles que no encajan. Secretos que murmuran a su alr...
