Parte 1: El Límite

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[Fragmento de archivo confidencial — Registro de Fenómenos Tipo-C]

"La exposición prolongada al Código provoca alteraciones en la conducta, el cuerpo, y la percepción de la realidad. Aquellos que no logran estabilizarse pierden el control... y lo que queda ya no puede llamarse humano."

20 años después del colapso de Arkhe. las cicatrices del pasado seguían marcando cada rincón de la ciudad. Las calles bajas de Sector B-7, destrozadas por las interminables batallas, aún olían a hierro oxidado y humo residual, un recordatorio constante de la guerra que había devastado todo. Aunque la guerra había cesado hace décadas, sus ecos seguían vivos en las grietas de los edificios, en las sombras que acechaban en cada esquina. 

Era un olor que se había filtrado en los muros, incrustado en los cimientos, como un veneno invisible que persistía en el aire. No era solo el olor de la destrucción, sino también de la supervivencia, de aquellos que habían crecido entre las ruinas y aprendido a reconstruir, día tras día, pieza por pieza. Como Theon. Como Lucien.

En un rincón olvidado de los suburbios, dos jóvenes forcejeaban con una estructura improvisada, reforzando a duras penas lo que alguna vez fue una pared. La vivienda, marcada por el tiempo y los estragos de antiguos conflictos, parecía resistirse a caer. Alrededor de ellos, las risas de un grupo de niños rompían la quietud, desentonando con la ruina del lugar. Desde lo alto de una cornisa agrietada, un gato los observaba con la altivez de un monarca esperando ser rescatado, como si el caos cotidiano fuera apenas un escenario más de su imperio en ruinas.

Theon miró al gato.—Podrías subir tú esta vez —dijo Theon, limpiándose las manos—. Mi brazo izquierdo aún no se recupera del último intento.

—Podría —respondió Lucien, sonriendo—, pero tú eres más alto. Theon resopló.

Era una escena rutinaria. Ambos llevaban años ayudando en lo que podían. Desde arreglar techos hasta escoltar a niños que temían cruzar ciertas calles.

No eran héroes, al menos no en el sentido clásico. Pero hacían lo que podían con lo que tenían. La calle estaba en calma, el sonido de los escombros siendo levantados y el maullido del gato recién rescatado se desvanecieron en un eco lejano. Theon miró a Lucien, que sonreía mientras acariciaba al felino, y por un momento, casi podía olvidar que la vida fuera de ese refugio ya no era la misma. Pero esa paz no duraría.

Unos pasos más hacia el escondite, y la presión de un futuro incierto lo alcanzó nuevamente. La tranquilidad se deshizo como arena entre los dedos.

Al regresar a su escondite (una vieja estación de tren convertida en hogar improvisado), Theon estaba más callado de lo habitual. Lucien lo notó. Siempre lo notaba.

Lucien: —¿Otra vez esa cara?

Theon: —¿Qué cara?

Lucien: —La de "algo está mal pero no sé cómo decirlo sin sonar dramático."Theon se dejó caer en el viejo sofá metálico. El silencio duró unos segundos. —Siento que todo lo que hacemos... no cambia nada. Paramos pequeñas tragedias mientras allá afuera siguen ocurriendo masacres. Hay gente que puede realmente hacer algo. Portadores con poder real. Y nosotros rescatando gatos.

Lucien iba a responder, pero rápidamente Theon continuó...—"El reflejo solo devuelve lo que aceptas perder." Ni siquiera entiendo mi codigo... estoy cansado...

Lucien bajó la mirada. Sabía que este momento iba a llegar.

Lucien: Eon...

Theon: No quiero que otro niño pierda a sus padres como nosotros. Si hubiera alguien que hubiera hecho algo... tal vez...No terminó la frase.

Beyond The CodeWhere stories live. Discover now