El cielo estaba nublado, como si el universo hubiera querido recordarles, de manera simbólica, todas las tormentas que habían enfrentado juntos. Pero a ellos no les importaba. Habían aprendido que la verdadera belleza estaba en bailar bajo la lluvia.
El lugar elegido para la boda era un jardín enorme a las afueras de la ciudad, rodeado de bugambilias y árboles enormes que parecían abrazarlos. Todo estaba decorado en tonos pastel, con detalles hechos a mano que Aime había supervisado personalmente. No quería ostentación, no quería brillos ni lujos vacíos: quería algo real, algo que se sintiera como ellos dos.
Los invitados comenzaban a acomodarse en sus lugares. Entre ellos, algunos rostros conocidos del internet, otros amigos íntimos, y, en primera fila, las familias de ambos, emocionadas y nerviosas. No faltaban las cámaras: sabían que habría gente siguiendo cada paso, cada gesto. Pero hoy, nada de eso importaba.
JD, vestido con un traje elegante pero relajado —sin corbata, como le gustaba—, no dejaba de moverse en el altar improvisado. Estaba nervioso. Más nervioso que la vez que le cantó en vivo a Aime frente a sus millones de seguidores.
De pronto, la música comenzó a sonar: un tema suave de guitarra que ambos amaban tocado por nada más y nada menos que Missasinfonia.
Y allí estaba ella.
Aime apareció al final del pasillo, y el mundo pareció detenerse.
No llevaba una sudadera. No llevaba una coraza. Llevaba un vestido sencillo, de gasa blanca, que flotaba a su alrededor como una nube. Sus hombros descubiertos temblaban ligeramente, pero sus ojos brillaban con una seguridad nueva, una que había construido con esfuerzo, con dolor, y con amor.
JD sintió que el aire le faltaba.
Aime avanzaba lentamente, con cada paso acercándose más a su futuro, a él. Sus mejillas estaban sonrojadas, su cabello recogido en un moño suelto que dejaba caer pequeños rizos alrededor de su rostro.
Cuando llegó junto a él, JD no pudo evitar susurrar:
—Estás preciosa... Eres mi sueño hecho realidad.
Aime sonrió, esa sonrisa pequeña pero genuina que siempre reservaba para momentos importantes.
El oficiante —un amigo cercano de ambos— carraspeó y comenzó la ceremonia, pero a JD y Aime les costaba prestar atención. Estaban absortos el uno en el otro, como si existieran en su propio pequeño universo.
—Hoy —dijo el oficiante— celebramos el amor que no se rinde ante las tormentas. Celebramos a dos almas que, a pesar del ruido, se eligieron en silencio.
Cuando llegó el momento de los votos, JD sacó un papel arrugado de su bolsillo, pero terminó guardándolo sin leerlo.
—No necesito leer —dijo—. Aime... tú me enseñaste a ver más allá de mí mismo. Me mostraste que el amor no es un grito al mundo, sino un susurro compartido en la oscuridad. Hoy prometo ser tu refugio, tu compañero de batallas, tu abrazo en los días malos, y tu carcajada en los días buenos. No importa si afuera llueve o truena, mientras tú seas mi casa, no tengo miedo de nada.
Aime, con lágrimas brillando en sus ojos, tomó aire antes de hablar.
—JD... Tú me enseñaste a no esconderme, a creer que merecía ser vista y amada tal como soy. No perfecta, no sin miedo, sino real. Prometo elegirte cada día, incluso en los días difíciles, incluso cuando el mundo grite lo contrario. Porque contigo, incluso las tormentas se sienten como bailes bajo la lluvia.
El oficiante sonrió, claramente emocionado.
—Por el poder que me confiere el amor, el compromiso y la terquedad indomable de dos corazones que se niegan a rendirse... los declaro marido y mujer.
—¡Ahora sí! —exclamó JD, sin esperar permiso—. ¡Ven acá!
La besó con pasión, haciendo reír a todos los presentes. Aime soltó una pequeña risa nerviosa entre el beso, pero no se apartó. Era su momento. Su victoria.
Mientras los aplausos estallaban, y pequeños pétalos volaban en el aire, JD y Aime se abrazaron con fuerza.
La celebración continuó con una pequeña recepción. No había lujos excesivos, pero sí había amor. Se reían, bailaban, comían pastel con las manos —porque, claro, JD no iba a dejar pasar la oportunidad de arruinarse el traje— y cantaban a gritos canciones que no venían al caso, pero que les recordaban a sus inicios.
Hubo momentos privados también.
En un rincón apartado del jardín, JD abrazó a Aime por la espalda, ambos mirando el cielo que empezaba a chispear suavemente.
—¿Sabes? —dijo él, apoyando su barbilla en su hombro—. Que nos hayan funado, criticado, cancelado... no importa. Siempre quise esto. Siempre te quise a ti.
Aime entrelazó sus dedos con los de él.
—Y yo a ti —susurró.
Y bajo esa primera llovizna, recordando todo lo que habían sobrevivido, sellaron su nueva vida con un beso tranquilo, en paz.
Un beso que no necesitaba aplausos, ni trending topics, ni millones de vistas.
Sólo ellos dos.
Sólo amor.
Amor en tiempos de funa.
———
Capítulo dedicado a mi querida amiga Ashley. Vales lo mismo que este fan fic, babe. 🫶🏾💜
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Un amor sellado.
FanfictionContinuación de la historia anterior >. Toma lugar en la boda de Marisol "Aimep3" y Juan de Dios Pantoja
