capítulo 1

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Capitulo 1

Ser una de las hijas de Lilith Sorrengail no es fácil; tienes que cumplir con ciertos estándares. Por eso, desde la muerte de mi padre, mi madre es despiadada y cruel. Junto con mi hermana gemela, Violet, soñamos con ser escribas, pero yo sé la realidad: mi madre no nos va a permitir ser escribas, así que he estado entrenando toda mi adolecencia para ser la mejor jinete.

El día de reclutamiento ha llegado, y mi madre, hace seis meses, nos dio la noticia de que no iríamos al cuadrante de escribas. Para Violet fue una noticia devastadora; para mí no tanto, ya lo sabía, por algo me había entrenado desde los 13.

Mientras subo las escaleras con facilidad practicada, a Violet le cuesta subirlas debido a su pesada mochila; su pecho se agita por el esfuerzo, y cuando llegamos a los pasillos de piedra que llevan a la oficina de la general Sorrengail, sus pulmones están ardiendo.

Mientras los miles de veinteañeros que esperan afuera de la puerta para entrar a servir en el cuadrante de su elección son los más fuertes e inteligentes de Navarre. Cientos de ellos se han estado preparando desde que nacieron para el Cuadrante de Jinetes, para tener la oportunidad de ser parte de la élite. Violet solo ha tenido seis meses; en cambio, yo me he preparado desde los 13.

Los guardias inexpresivos que flanquean el ancho pasillo al final de la escalera esquivan mi mirada al verme pasar, pero eso no es nada nuevo. El Colegio de Guerra Basgiath no es famoso por ser amable con... pues, con nadie, ni siquiera con los que tenemos madres al mando. Cuando nos acercábamos a la puerta, escucho:

-¡Las estás enviando a sus muertes! -Una voz conocida resuena desde el otro lado de la gruesa puerta de madera de la general. Solo hay una mujer en el continente, además de mí, capaz de levantarle la voz a la general, pero se suponía que estaba en la frontera con el Ala Este.

«Mira».

Desde la oficina se escucha una respuesta ahogada y acerco mi mano a la perilla de la puerta.

-No tienen ninguna oportunidad -grita Mira mientras empujo la puerta. Violet, al moverse hacia delante, casi se cae por lo pesada de su mochila, y la ayudo a enderezarse.

La general suelta un insulto entre dientes desde su escritorio mientras yo la miro seriamente.

-Carajo, mamá, ni siquiera puede con su mochila -suelta Mira mientras viene corriendo hacia Violet.

-¡Estoy bien! -dice Violet, y la vergüenza enciende sus mejillas, obligándola a pararse derecha.

-No estás bien, no estás preparada para lo que es el cuadrante de jinetes. Solo mira lo que empacaste -dije con rudeza, tanto para Violet como para mamá-. Empacaste más libros que armas, tu ropa no es adecuada para el combate, si no fuera porque el comandante Gillstead... no sobrevivirías ni un día en el cuadrante de jinetes.

-Elena, ¿por qué le dices eso a tu hermana? -dice Mamá, ya un poco enojada-. Por lo que yo sé, están en igualdad de condiciones.

-Mamá, no seas ingenua. Desde los 13 sé que no nos dejarías entrar al cuadrante de escribas.Y junto con el entrenamiento de escriba, me entrené para ser jinete.-dije con dureza -

 —Entonces, ¿por qué no se lo dijiste a tu hermana? —pregunta la general con enojo. 

—Se lo dije, pero no te creyó capaz de quitarle su sueño.- digo con firmeza -

—Pero lo soy. Está decidido: tú y Violet irán al Cuadrante de Jinetes —dice la general, un poco vacilante.

—Te tengo un trato, mamá —dije con tono de negociación.

Alas condenasWhere stories live. Discover now