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Sueños Que Persisten

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Todo parecía tan real...
Recuerdo estar sentado sobre el tronco de un árbol en medio de un bosque oscuro. La noche cubría todo a mi alrededor y lo único que iluminaba aquel lugar era la luna, acompañada por miles de estrellas que parecían observar desde lo alto.
No había nadie más.
Solo estaba el sonido del viento moviendo las ramas y el silencio que parecía consumir todo.
Miraba fijamente el cielo, intentando encontrar una respuesta a una decisión que ya había sido tomada.
Entonces una voz rompió aquella tranquilidad.
-¿Estás bien?
Giré lentamente la mirada.
Frente a mí había una mujer que aparentaba unos veinticinco años. Su piel era blanca como porcelana, su cabello cobrizo se movía suavemente con el viento y llevaba una vestimenta que parecía pertenecer a otra época.
Pero lo que más llamó mi atención fueron sus ojos.
No era miedo lo que veía en ellos.
Era tristeza.
Como si ya supiera lo que iba a pasar.
-No te voy a mentir... no lo estoy -respondí con dificultad-. Lo que decidieron hacer fue injusto.
Ella bajó la mirada.
-Entiendo...
Hubo un silencio incómodo.
Después me observó con preocupación.
-¿Cuánto tiempo te queda antes de irte?
Sentí un peso en el pecho.
Intenté responder, pero mi voz apenas salió.
-Mañana.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
Sin pensarlo, se acercó y me abrazó con fuerza.
-¿Por qué tan repentino? Ellos no saben lo que pasará si te vas...
Cerré los ojos.
Sentía que ese momento se quedaría grabado para siempre.
-Ellos saben las consecuencias... pero aun así aceptarán lo que ocurra.
Intenté sonreír.
Una sonrisa falsa.
Una de esas que usamos cuando queremos convencer a alguien de que estamos bien.
-Por fin te librarás de mí, como tanto querías.
Ella me miró confundida y después soltó una pequeña risa entre lágrimas.
-No es momento para bromear, Lucifer.
Ese nombre quedó suspendido en el aire.
Pero no sentí miedo al escucharlo.
Sentí nostalgia.
-¿Qué pasará con lo que querías hacer? ¿Con tu idea de ocupar el trono divino? ¿Todo era una mentira?
Sus palabras dolieron.
Pero lo que más dolió fue la siguiente pregunta.
-¿Qué pasará con nosotros?
La abracé.
-No olvides algo... pase lo que pase, yo siempre estaré contigo.
Le limpié las lágrimas.
-Tal vez en otra vida... o en otro mundo... nos encontremos nuevamente.
Sus ojos comenzaron a cristalizarse.
-¿Cómo puedes estar seguro?
Sonreí.
-Porque mi corazón siempre encontrará el camino hacia ti.
La observé por última vez.
-Te voy a extrañar mucho, Amaterasu.
Me alejé lentamente.
Ella cayó de rodillas mientras las lágrimas recorrían su rostro.
Pero en sus ojos todavía quedaba esperanza.
Desperté.
Abrí los ojos confundido.
Durante unos segundos no sabía dónde estaba.
Mi habitación.
Mi cama.
Mi mundo.
Todo seguía igual.
Pero algo no estaba bien.
Sentía una tristeza que no podía explicar.
Como si hubiera perdido a alguien.
Como si una parte de mí se hubiera quedado en aquel bosque.
Me levanté lentamente y llevé una mano a mi pecho.
Intenté recordar su rostro.
Pero mientras más lo intentaba, más desaparecía.
Primero olvidé su voz.
Después sus palabras.
Después los detalles de su apariencia.
Era como si mi propia mente intentara borrar ese momento.
Pero había algo que no desaparecía.
Sus ojos.
Esa mirada llena de dolor.
Cerré los ojos.
Y por un instante volvió a aparecer.
No como una persona.
Solo como una silueta.
Una figura bajo la luz de la luna.
Cabello cobrizo moviéndose con el viento.
Una vestimenta antigua.
Una presencia que me hacía sentir que ya la conocía.
-Amaterasu...
Pronuncié ese nombre sin entender por qué.
Abrí los ojos rápidamente.
Me quedé en silencio.
¿Cómo podía saber su nombre?
Nunca había conocido a esa persona.
Nunca había hablado con ella.
Entonces...
¿Por qué sentía que la había perdido?
Me levanté y caminé hacia un pequeño escritorio.
No sabía exactamente qué estaba haciendo.
Simplemente sentía que necesitaba comprobar que aquel sueño había sido real.
Tomé una hoja y un lápiz.
Al principio dudé.
Era absurdo intentar dibujar a alguien cuyo rostro apenas podía recordar.
Pero mis manos comenzaron a moverse.
Una línea.
Después otra.
El cabello.
La forma de sus ojos.
La silueta de su ropa.
No estaba pensando.
Solo estaba siguiendo una sensación.
Después de varios minutos dejé el lápiz sobre la mesa.
Observé el dibujo.
No era perfecto.
Le faltaban detalles.
Pero había algo extraño.
Había logrado dibujarla.
A alguien que mi mente decía no conocer.
Me quedé mirando la hoja.
Entonces noté algo más.
En una esquina del dibujo había trazado un símbolo.
Un símbolo que jamás había visto.
Pero que, de alguna manera...
Sentía familiar.
Toqué el papel lentamente.
Y una sensación extraña recorrió mi cuerpo.
Por un segundo vi una imagen.
Una espada.
Una luz intensa.
Una voz llamándome por un nombre que no pude escuchar.
Me alejé rápidamente.
Respiré intentando tranquilizarme.
-Solo fue un sueño...
Intenté convencerme.
Pero en el fondo sabía que algo no estaba bien.
Antes de poder seguir pensando, escuché un sonido.
La madera de la puerta crujió.
Me giré lentamente.
La habitación quedó en silencio.
La puerta comenzó a abrirse.
Y una voz interrumpió mis pensamientos.
-¿Estás despierto

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