Uno

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—Si pudieses tener una parte de mi, ¿cuál sería?— preguntó acorde a la dinámica que se les impuso, aunque añadiendo un toque de la coquetería juguetona que compartía con su compañero desde hace meses.

—Bueno, no ve visto todo de ti— respondió Daniel con el mismo tono, aguantando la risa mientras fingía pensar.

—¿Y quieres hacerlo?— devolvió, disfrutando cada segundo de como el rubor subía a las mejillas bronceadas de su compañero de equipo.

—Tienes rodillas preciosas, creo que tomaré tu rodilla izquierda— la respuesta vino entre muecas para disimular la risa, trabajo que llevaba mucho mejor que Max. —Si tú pudieses tener cualquier parte de mi cuerpo— era el turno del australiano de devolver la pregunta. —Cualquier parte que quieras— Max recorrió sin descaro toda la longitud de su cuerpo con la mirada. Daniel quiso hacer énfasis para hacerlo gracioso, pero antes de que pudiera formular la pregunta, Max ya había respondido.

—Tu nariz— y había algo especial en su mirada al decir eso, no era una broma, así que Daniel dijo que lo tomaría como halago.

La seguridad de ese joven para tirar coqueteos descarados, halagos y miradas intensas a su compañero tenían a Daniel estremeciéndose a ratos de manera vergonzosa para alguien de su edad.

A Ricciardo le había parecido interesante la respuesta de su compañero a aquella pregunta en particular. No sabía exactamente cuál esperaba que fuera la respuesta, pero su nariz jamás fue un rasgo físico que percibiera positivo de sí mismo. Por un momento pensó que Max estaba siendo sarcástico, pero lo descartó rápidamente, prefiriendo la duda.

🏎️

Cuando las actividades del día de medios y prensa terminaron, cada piloto fue distraído por su asesor de imagen y manager respectivo, y en minutos el australiano le había perdido la pista a su compañero de equipo.

Las últimas semanas ambos habían tenido resultados distintos, a decir verdad. Max se mantenía consistente y con su característica autoexigencia se había llevado a sí mismo a podios con segundos lugares y victorias totales, mientras Daniel se sentía un poco más como una pieza de ajedrez que Red Bull usaba en un juego que parecía velar solo por el Neerlandés.

La cosa es que Daniel estaba bien con eso.

Se cuestionaba su estadía en el equipo todos los días. Se sentía un poco inútil, a veces hasta utilizado por el sistema en el que participaba. La expresión "segundo asiento" cobraba vida en colores vibrantes en la dinámica de su equipo, pero Daniel sabía que no era algo orquestado por Max. Ese chiquillo de 19 años solo estaba recibiendo lo que el equipo le daba, y Daniel estaba feliz de que le dieran todo para que se convirtiera en campeón mundial eventualmente, incluso a costa de si mismo.

Una parte de él se consolaba (y se había convencido) con la idea de que tan pronto Max ganara un campeonato mundial, la dinámica cambiaría y el equipo balancearía un poco las estrategias usadas. Y quizá si eso no sucedía entonces el australiano les diría adiós, porque ese nivel de éxito también era su sueño, y él también tenía ambición.

—Danny— la voz lo sacó de su mente. Max asomaba su cabeza dentro del cuarto de descanso del australiano. —Estoy cansado de esto hoy ¿quieres ir a mi casa? Podemos jugar videojuegos y beber un poco— le dio su mejor sonrisa, aunque por muchas razones, Verstappen no necesitaba mucha labor de convencimiento con su compañero de equipo.

El australiano sonrió y asintió, volviendo a su anterior tren de pensamiento por un segundo. Quizá aunque las cosas no cambiaran en Red Bull la temporada siguiente después de la inminente coronación de su compañero como campeón, Daniel se quedaría. Quizá tenía razones para hacerlo. Quizá la mayor de ellas estaba ingresando a su cuarto de descanso como si fuera el propio, sentándose frente a él y apresurandolo, ansioso por salir de ahí.

Tu nariz - Maxiel Where stories live. Discover now