Capítulo 1: El Arlequín Sin Reino
Antes de Blue Lock
El estadio estaba casi vacío. Solo el eco del balón rebotando en los muros y el silbido del viento cruzando las gradas rotas llenaban el aire. Jack Itoshi, con los auriculares colgando del cuello, controlaba el balón con una elegancia casual, como si la gravedad estuviera negociando con él en lugar de imponérsele. En su mirada dorada, había una quietud peligrosa, el tipo de calma que precede a la tormenta.
El campo era un complejo deportivo abandonado en las afueras de Osaka. Lo había encontrado por accidente cuando tenía 13 años, y desde entonces, ese lugar se convirtió en su santuario. Nadie lo interrumpía. Nadie juzgaba. Solo el balón, él, y las cartas flotantes que veía cada vez que entraba en su flujo mental. No eran reales, claro. Pero para Jack, cada pase, cada ángulo, cada movimiento tenía forma de naipe. El caos se volvía comprensible, ordenado. Como un truco de magia que solo él conocía.
"El fútbol es solo una ilusión bien ejecutada", solía decirse mientras practicaba.
Era el hermano gemelo de Sae Itoshi, y aunque ambos compartían sangre, sus caminos no podrían haber sido más diferentes. Sae, el prodigio, el orgullo de Japón, el mediocampista de clase mundial. Jack, el errante. El que no se aferraba a ningún club, que desaparecía de torneos, que cambiaba de estilo como de máscara.
—¿Todavía vienes a este basurero? —preguntó una voz detrás de él.
Jack sonrió sin mirar. Ya reconocía esa voz. Era Rin Shirogane, un excompañero de la secundaria, ahora estrella juvenil del FC Osaka.
—El caos tiene mejor eco aquí —respondió Jack.
—¿No estás harto de jugar solo? —Rin dejó caer su mochila y se sentó en las gradas oxidadas—. Dicen que podrías estar en Europa si te lo tomaras en serio.
Jack se giró hacia él, levantándose la máscara de arlequín que usaba para entrenar. Sus ojos dorados, chispeantes y calmos, miraban directamente a Rin.
—Europa es solo otro escenario. Yo quiero escribir mi propia obra.
Rin se rió.
—Sigues igual de loco.
Jack volvió al balón.
—¿Qué haces aquí, Rin? —preguntó mientras daba toques con el exterior del pie, controlando el balón como si danzara con él.
—Vine a darte esto —sacó un sobre blanco con el sello del Instituto Japonés de Fútbol—. Dicen que es un proyecto especial. Para delanteros egoístas y genios rebeldes.
Jack atrapó el sobre con el pie, lo levantó y lo leyó sin abrirlo. "Blue Lock".
—Qué nombre tan dramático —murmuró.
—Encaja contigo —dijo Rin, bajando por las gradas—. Aunque no sé si encajes tú con ellos.
Jack sonrió de lado.
—¿Una prisión para egos? Suena como el escenario perfecto para un arlequín.
...
Esa noche, en su pequeño departamento, Jack leyó el contenido del sobre. El proyecto Blue Lock era un experimento brutal, diseñado para forjar al delantero más egoísta del mundo. Un entorno competitivo donde solo uno podría llegar a la cima. Fallar significaba el fin de cualquier carrera profesional. Para muchos, un riesgo absurdo. Para Jack, una invitación al caos.
"Un juego donde solo uno gana...", pensó. "¿Y si reescribo las reglas?"
La habitación estaba oscura, excepto por el reflejo de la luna entrando por la ventana. Se puso la máscara sobre los ojos, y frente al espejo, sonrió. El reflejo mostraba a un joven con mirada de rey y sonrisa de bufón.
—Será divertido —susurró.
...
Un mes antes del inicio de Blue Lock
Jack participó en un torneo local, bajo el alias de "Jester". No se registró con su verdadero nombre. Solo aparecía con la máscara puesta y desaparecía tras cada partido. Los rumores se dispararon. Videos de sus jugadas se volvieron virales. Recortes imposibles, pases de rabona que rompían líneas enteras, y tiros con efecto retardado que desconcertaban a los porteros.
Lo apodaron "El Arlequín sin Reino". Un genio errante que no jugaba por fama ni victoria, sino por el arte de romper expectativas. Los entrenadores querían ficharlo. Los jugadores querían evitarlo. Y los fanáticos... lo adoraban.
Uno de esos partidos lo enfrentó contra el FC Nagoya U18. En ese equipo jugaba uno de los delanteros más prometedores del país. En el minuto 73, con el marcador 2-2, Jack robó el balón en medio campo, dejó atrás a cuatro rivales con un solo movimiento, y marcó con un tiro de talón sin mirar. Pero no fue el gol lo que se volvió viral, sino su celebración: se quitó la máscara, miró directo a la cámara y dijo:
—¿Están listos para el verdadero espectáculo?
...
La invitación final llegó tres días después. Esta vez, no venía con un sobre. Fue una visita personal. Ego Jinpachi lo esperó en la entrada del mismo estadio abandonado donde Jack entrenaba.
—¿Jack Itoshi? —preguntó Ego, con su sonrisa torcida habitual.
—Depende. ¿Quién lo pregunta?
—Soy Ego. El director del experimento que va a cambiar el fútbol japonés para siempre.
Jack pateó el balón hacia él. Ego lo atrapó con torpeza.
—¿Tú también juegas? —preguntó Jack.
—Yo diseño. Creo escenarios. Pero necesito piezas únicas para que funcionen. Y tú... tú no eres una pieza común.
Jack se acercó. Su aura se intensificó. Naipes invisibles giraban a su alrededor. Incluso Ego pareció notarlo, aunque no dijo nada.
—¿Qué quieres de mí?
—Quiero que rompas todo. Que hagas pedazos el fútbol tradicional. Que seas el caos dentro de un sistema cerrado. Que inspires miedo, arte, y egoísmo.
Jack sonrió. Sus ojos dorados brillaban bajo la luz del atardecer.
—Entonces te daré un espectáculo. Pero no lo haré por ti, Ego. Lo haré por el arlequín que llevo dentro.
Ego asintió, satisfecho. El contrato fue firmado en silencio, sobre el polvo del estadio abandonado.
...
Días antes de llegar a Blue Lock
Jack visitó por última vez a su hermano, Sae, en un campo de entrenamiento privado.
—Así que aceptaste esa locura —dijo Sae, cruzado de brazos.
—¿No es el tipo de locura que te gusta a ti también? —respondió Jack.
Sae lo observó con seriedad. Aunque eran gemelos, el aura de Jack era diferente. Menos controlada, más eléctrica.
—No subestimes a los que están ahí dentro. Algunos van a matar por llegar a la cima.
Jack le sonrió con calma.
—Perfecto. Porque yo también.
Sae lo miró por unos segundos y luego asintió.
—Entonces destrúyelos a todos.
...
Y así comienza el viaje de Jack Itoshi. Un arlequín con una mente brillante, un aura dorada y una sonrisa que no promete paz, sino espectáculo. Blue Lock aún no sabía que estaba a punto de recibir a su jugador más impredecible.
Y Jack… estaba listo para hacer del caos, su reino.
KAMU SEDANG MEMBACA
Arlequin Del Caos
Fiksi PenggemarJack un chico al que nunca le gustó destacar de niño en el fútbol decide ocultar su cara cuando cumple los 18 y a sus 19 años decidió unirse al proyecto blue lock siendo el único con 19 años
