I Love You

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"Fuimos tan efímeros como un amanecer. 
Y ahora somos tan eternos en mis recuerdos.

Fuimos lo que pudo ser. 
Somos lo que ya nunca será".

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Las luces de Las Vegas lo envolvían todo. Como si el mundo estuviera en otro lugar, uno más artificial, más ajeno.

Checo se ajustó los guantes con movimientos automáticos. No escuchaba ya el bullicio del paddock ni los gritos del público. Solo un zumbido lejano en los oídos y el pulso acelerado.

Antes de meterse en el auto, volteó una vez más. Max estaba ahí, al lado de su ingeniero, dándole instrucciones. Pero lo buscó con la mirada, como si lo hubiera sentido.

Y Checo, sin pensarlo, lo dijo. 

—Te amo.

Así. Sin pausa, sin aviso. Sin saber por qué tenía la urgencia de decirlo. Tal vez fue intuición. Tal vez fue miedo.

Max lo miró como si el tiempo se hubiera detenido. No sonrió, no respondió. Solo caminó hacia él, lo tomó por la nuca, y lo besó. Rápido. Firme. Como si también supiera. Como si eso fuera todo lo que necesitaba decir. Nunca lo hacían, pero por esta vez, Max rompió su propia regla personal.

Ninguno dijo más. Se miraron una última vez y después cada uno se subió a su auto.

La carrera empezó como cualquier otra. Sergio estaba en sexta posición. Se sentía bien. Concentrado. Tal vez demasiado. 

Vuelta 35

Iba detrás de Leclerc. El Ferrari había tenido una salida lenta de la curva 11, y Checo lo vio. El hueco. El momento.

Se lanzó por el interior en la recta que llevaba a la 12. Fue una maniobra justa, limpia. Charles lo cerró tarde, pero no hubo contacto. Checo tuvo que corregir, saliendo levemente de la trazada ideal.

Sus neumáticos pisaron la línea blanca, todavía húmeda por la pintura que habían utilizado.

El auto perdió adherencia. El eje trasero se fue.

Desde las gradas y en las cámaras, fue apenas un trompo controlable. Los comentaristas hablaban de un error mínimo. El Red Bull golpeó el muro con el lateral derecho. No fue un choque brutal, pero lo suficiente para dejar el monoplaza medio destruido.

La radio se activó. 
—Estoy bien —dijo. Aunque no lo sentía así.

La voz de Hugh respondió tranquila: 
—Recibido, ¿puedes salir del auto?, la asistencia está en camino.

Nada parecía fuera de lo normal. Las repeticiones se mostraban. Se hablaba del abandono. El público murmuraba, frustrado.

Pero Checo sentía algo distinto. Le costaba respirar. Una presión en el pecho. El cinturón se sentía más apretado de lo que debería. Las piernas, entumecidas.

Intentó moverse. No pudo. 

Las luces del circuito se distorsionaban frente a sus ojos. 

Y entonces, sin aviso, un segundo auto apareció.

En las pantallas nadie entendió al principio. El Haas de Hülkenberg venía rezagado, había entrado tarde al pit y regresado a pista justo antes del accidente.

Algunos restos del monoplaza de Sergio habían volado por la pista, provocando que Nico perdiera el control de su auto.

El Red Bull estaba parcialmente sobre la pista. El ángulo de visión era limitado. 

El Haas impactó con violencia la parte delantera del auto de Checo, justo cuando esté, estaba luchando por salir del monoplaza.

El golpe fue seco. Demasiado directo.

Las cámaras cortaron. Las banderas rojas aparecieron. 

Pero ya era tarde.

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Escribí esto para desahogarme un poco, pero espero que les guste.

ANOTHER LOVE Where stories live. Discover now