la lluvia caía persistente sobre el parabrisas, repiqueteando como si tuviera algo urgente que decir. iván tenía una mano en el volante, aunque el auto estaba en punto muerto y el encendedor en la otra mano. rodrigo, en el asiento del acompañante, se había quitado la campera y tenía las piernas cruzadas.
— ¿no te parece medio deprimente venir hasta acá solo para ver neblina? — dijo rodrigo, con una sonrisa ladeada.
— ¿y no te parece sospechoso que igual viniste cuando te lo propuse? — iván le devolvió la mirada con una ceja levantada.
rodrigo se encogió de hombros, mirando al frente.
— tal vez necesitaba aire.
— estamos dentro de un auto.
— metáforico, iván. aire emocional.
iván se rió bajito y encendió el porro. le dio una pitada larga y se lo pasó sin mirar.
— ¿y de qué te querés airear, emocionalmente hablando?
rodrigo tardó en responder. tomó el porro, lo sostuvo entre los dedos un segundo más.
— no sé. capaz de mí mismo, de estar haciéndome el boludo todo el tiempo.
— ¿con qué?
rodrigo lo miró. directo, por fin.
— con lo que pienso cuando estamos así. vos y yo. tarde, solos, hablando de todo como si nada.
iván se quedó en silencio. solo se escuchaba la música de fondo, un tema suave de esos que suenan a confesiones.
— ¿y qué pensás exactamente? —preguntó iván, voz baja, pero firme.
rodrigo no bajó la mirada.
— que te miraría un rato más de lo que un amigo debería. que a veces me dan ganas de decirte cosas que no sé si vos querés escuchar.
iván lo sostuvo con la mirada. no había risa esta vez. solo una calma que venía con algo más, algo que rodrigo no lograba descifrar del todo.
— probá —dijo iván.
—¿qué?
— decime algo de eso. una sola.
rodrigo respiró hondo. no sabía si era el humo, la lluvia, o simplemente que ya no quería seguir guardándolo.
— a veces... tengo ganas de agarrarte de la nuca y besarte. solo para ver si eso que está en el aire entre nosotros es real o me lo inventé.
iván no respondió enseguida. apoyó el codo en la ventanilla, mirando el retrovisor por un segundo.
— no te lo inventaste.
rodrigo lo miró. iván volvió la vista y había algo ahí: una mezcla entre nervios y ganas, entre vértigo y decisión.
— pero no lo hagas todavía —dijo iván—. me gusta escucharte decir esas cosas primero.
rodrigo se rió bajo.
— sos un sádico emocional, ¿sabías?
— solo quiero estar seguro. no quiero que pase algo que después queramos esconder.
rodrigo lo pensó un momento, y luego asintió.
— y ahora que está dicho... ¿qué querés hacer? – preguntó iván.
rodrigo se acercó apenas, con la voz temblando pero honesta.
— quiero tocarte sin pensar si está bien o mal. quiero saber cómo se sienten tus labios sin imaginarlo más. quiero que no termine todo en el aire.
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lluvia templada ; rodrivan
Romanceuna noche de lluvia y dos amigos que ya no pueden seguir callando lo que sienten ▸ escenas sensuales ▸ minúsculas estéticas
