Me desperté con el sonido de la intro de los PJ Masks resonando en mi cabeza. Gruñí, y miré por encima de mi hombro. Descubrí que no era mi imaginación, si no que la intro estaba puesta como alarma.
Genial.
Cogí mi almohada y me la estampé en la cara con frustración. No quería creer que la hubiera cambiado otra vez. Me levanté de la cama solo para reñirle.
- ¡¡¡Annabeeeeel!!!- exclamé hasta que vino corriendo a mi dormitorio.
- ¿Qué pasa?
- ¿Has cambiado otra vez mi alarma a la del sonido de los PJ Masks?
Se le borró la sonrisa angelical de golpe, y se puso roja como un tomate. Siempre se ponía nerviosa cuando mentía.
- ¿Yo? Q-que dices, Demy...- empezó a balbucear, y yo solo suspiré.
Mi hermana pequeña tenía 7 años, y unos rubios tirabuzones perfectos le caían como una pequeña cascada tras la espalda. Sus ojos eran verde agua, y la diadema que se ponía hacía que pareciera un angelito educado y bueno, pero por dentro era todo lo contrario. Si no se salía con la suya, cogía una rabieta. Aunque luego pedía perdón, claro.
- ¿Cuando he dicho yo que cambies mi alarma?- dije. La princesita rebelde me miró haciendo puchero.
- Es que me encanta la canción! PJ Masks, somos PJ Masks...-empezó a cantar con voz desafinada.
- Genial, pero a mi no me gusta.
- Pero, ¡esta guay levantarse con esa canción!
- Pues ponla en tu alarma, no en la mía.
- Es que mamá no me quiere dar una alarma. Dice que soy muy pequeña todavía.-dijo, haciendo pucheros otra vez. Yo me pellizqué el puente de la nariz, cerrando los ojos. Los volví a abrir. Annabel seguía con carita de pena.
- Pues ese no es mi problema.
- ¡Demy...!
- Annabel, tengo sueño. Mucho sueño. Y hambre. Y tengo que irme al instituto, por desgracia. Si vas a seguir insistiendo, no te voy a echar cuenta. Y si pones otra vez la alarma esa de los Pijamars...
- Se llaman PJ Masks.
- Bueno, lo que sea. Si la pones otra vez, aviso a mamá y te castiga dos semanas sin tele.
Ella abrió mucho los ojos.
- ¿¡¿¡Dos semanas?!?!
- Enteritas.
- ¡¡¡Eso es mucho tiempo!!!- exclamó, atemorizada. Yo me limité a encogerme de hombros.
- Pues no toques mi alarma. Ahora, fuera de mi cuarto, me tengo que preparar.
Annabel frunció el ceño, y poco después salió de mi dormitorio dando zapatazos. Yo suspiré. Se le iba a pasar.
Me centre en lo que tenía que hacer: Ir al instituto.
Qué asco.
Empezamos la mañana positivas, como de costumbre.
Me di la vuelta e hice la cama por primera vez en varias semanas, por lo que descubrí que mi calcetín perdido estaba debajo de la colcha. Me vestí con unos simples vaqueros anchos y una sudadera ancha también. Me fui a mi baño dentro de mi cuarto, que me permitía hacer mis cosas sin que mis queridas cinco hermanas se burlaran de mi. Meé y me miré en el espejo. Gozaba de un moño desecho y ojeras.
Daba asco.
Suspiré por enésima vez y cogí un peine para desenredar mi cabello rubio y ondulado. Era corto y ni me llegaba por los hombros, pero incluso así me costaba peinarme. Me lavé la cara, con tal de verme mejor. No funcionó.
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DOS CAMINOS
RomanceDemy Scott odia el instituto. Y tampoco le gusta estar acompañada. Ella prefiere caminar su propio camino, estar sola. Nunca ha tenido tiempo para el amor, ni se lo plantea. Entonces, ¿qué puede pasar si la chica nueva del instituto se junta con ell...
