Prólogo

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Andrea


Era de noche, la calle estaba tan oscura, solo iluminada por la débil luz de la luna. ¿En qué momento oscureció tan rápido? Apenas unos minutos antes estaba poniéndose el sol. No llevaba ni diez minutos caminando hasta que me dió otra de mis crisis existenciales. Llevaba un pomo de pastillas en la mochila. ¿Lo intento otra vez? No quería morir, simplemente no aguantaba que mi vida fuera una completa basura en la mayoría de los aspectos, porque sí, la mayor parte de mi vida me la pasaba mal, muy pocas veces me sentía bien, a veces con mis amigos, con mi familia, y siento muy cobarde de mi parte pensar en el suicidio, me gusta vivir, le veo el lado bueno a algunas cosas de la vida, pero también lo veo como el mejor escape de mi dura realidad.

Estaba caminando por el callejón oscuro que está de salida en la parte trasera de la casa de mi hermana. ¿Enserio iba a volver a hacerme esto? Saqué el pote de pastillas, me quedé mirándolo pensativa. ¿Y si esta vez no corría tanta suerte como la última vez? Pensar en eso me hacía plantearme la idea una y otra vez más, había muchas personas a las que no les quería dar el gusto con mi muerte, o que pensaran que lo hice porque su existencia me fastidiaba la vida, tampoco quería hacer sentir mal a las personas que me querían y pensaba en todas esas cosas continuamente, pero al mismo tiempo a veces solo quería deshacerme de todo eso y descansar en paz, aunque fuera un poco cobarde, simplemente estaba harta.

Seguí caminando aún con el pomo en las manos mirándolo totalmente indecisa. ¿Y si voy a casa y me olvido de todo esto? Me senté en unos escalones que habían cerca iluminados por la bombilla de un poste al lado, solo podía unos segundos, si mis padres llamaban a mi hermana y les decía que ya había salido no podía tardarme en llegar, se volverían locos. En ese instante unas personas pasaron por delante de mi, me les quedé mirando, quizás ellos si tenían una vida normal.

Basta de mirar el pomo, estoy decidida, me metí 10 pastillas en la boca, de dos en dos, una detrás de la otra, lo mismo hice con 10 más, la vez pasada habían sido veinte y algo, si me tomaba unas cuarenta o cincuenta funcionaría, estaba en la número 26 con las lágrimas rodando por mis mejillas apunto de tomarme las otras dos cuando sentí una presencia, miré a mi derecha, había alguien recostado del poste y con los brazos cruzados, era un chico.

—No haría eso si fuera tú.— su voz sonaba calmada, un poco fría y ronca.

—No eres yo.—respondí tanjante.—¿Puedes dejarme sola?

—Según lo que sé la calle es libre, puedo pasearme por donde quiera, siento si te estoy molestando.

—Pues sí, me molestas.

—Que lástima, no me pienso mover de aquí.—dijo dando un paso en mi dirección.

—Necesito privacidad, vete de una maldita vez.—respondí perdiendo la paciencia, ya ni suicidarse era una opción tranquila para mí.

—¿Dónde están tus modales? ¿Me acabas de conocer y ya me gritas? Así no vas a conseguir muchos amigos. —decía hablando sarcásticamente, ¿quién se creía?

—Mírame.—al decir eso el muy idiota me miró de arriba hasta abajo. —¿Enserio crees que tengo deseos de hacer amigos en estos momentos?

—No lo sé, no es como si tu cara o el pote de pastillas tenga algo que responda a eso, pero, por tu expresión facial deduzco que no.

—Oooh ¿Enserio?— me quedé mirándolo.

—Si vas a hacerlo, tómalas de una vez.

—¿No me lo vas a impedir?

—¿Por qué lo haría? ¿No es eso lo que quieres?

—Claro que sí.

—¿Pues a qué estas esperando? ¿A que yo te las dé?

—Estoy esperando a que te vallas. ¿Por qué demonios sigues aquí?

—Porque estas sentada en las escaleras de la casa de mi padre.— me dijo dando otro paso mas quedando frente a mi ya que me había girado a la derecha para mirarlo, gracias a la pobre luz que nos iluminaba pude ver mejor su físico, tenía una mata de pelo oscuro y desordenado, una camiseta blanca bajo una chaqueta de cuero, unos pantalones negros y unas botas envidiables, sus ojos eran color miel, su piel blanca pero no tanto. Tenía que reconocer que estaba guapo. Estuve sin habla un momento hasta que al fin encontré mi voz.

—Sé amable y tráeme agua para poder tragar las pastillas, así me voy... y no me verás de por vida.

—Incluso me ordenas en la puerta de mi casa, que feo.—respondió algo burlón.

—No es tu casa, es de tu padre— contraataqué.

—Pues es mía también.

Le eché un vistazo a la casa un momento, desde que mi hermana se había mudado por aquí, cada vez que veía esa casa apreciaba lo bonita que es, que suerte tiene el condenado, la casa tiene un garage al lado y seguido de las escaleras en que estaba sentada un camino empedrado, el cual lleva a una reja blanca que da a la casa unos dos metros mas allá, se ve el segundo piso desde donde estoy y creo que lo del medio es una fuente, no pude terminar de admirarla porque sentí que me quitaron el pomo de pastillas, al mirar al frente ví que ese chico lo lanzaba muy lejos, delante de nosotros, donde hay un camino rocoso no muy alto, por el que podría tirarme sin hacerme daño, al cual le siguen casas y llegando a la esquina yace un tanque de basura abierto. ¿Dónde terminó el pomo? Pues justo ahí.

—¿¡Se puede saber qué demonios haces!? —grité enfadada acuchillándolo con la mirada y poniéndome de pie para encararlo.

—Salvando al mundo de otra pérdida, a que es un bonito gesto. — dijo señalándome con una estúpida sonrisa en los labios como si fuese un héroe. —Además, ni siquiera es lo que necesitas, lo que necesitas es un psicólogo, he visto como salías de ahí mirando hacia los lados y hablando cosas en voz baja sola, a menos que los fantasmas existan lo cual no lo creo posible.

En ese momento recordé que cuando salí de la casa de mi hermana y pensaba en lo del suicidio hablaba cosas al respecto por fuera... Ups, tenía que aprender a controlar eso o iban a pensar que estaba loca mas a menudo.

—Tú no sabes lo que necesito y si necesito un psicólogo no es asunto tu...

Justo cuando iba a terminar la frase sonó mi teléfono, era mi mamá, oh oh, seguro que había llamado a mi hermana y le dijo que había salido hace unos minutos, debería haber llegado, si las pastillas no me matan lo hará ella.

—¿Qué onda ma?—dije al descolgar el teléfono un poco nerviosa.

—Ven ya para la casa, es tarde.

—Está bien, ya salgo.

Le colgué contenta porque no había hablado con mi hermana, todo bien, entonces ya me iba.

—¿Hijita de mamá?— me dijo sonriendo burlón.

—Sígueme mirando así y voy a usar mis malos modales para quitarte esa sonrisa de la cara con un fuerte golpe.

—Ooohh ¿También vas a kárate?

—Que te jodan, espero no volver a verte.—dije dándole la espalda y cuando empecé a caminar me respondió:

—Te aseguro que nos volveremos a ver, Andrea.

Seguí mi camino en la oscuridad. Hasta que me dí cuenta de un detalle ¿cómo sabía mi nombre?

Nota de la autora: Holaaaaaaaa, soy nueva escribiendo espero que les haya gustado como va transcurriendo, empecé a escribir un libro titulado igual que este Pero tal vez no lo siga escribiendo porque las ideas que tenía en esos momentos no me gustaron mucho, si sigo con ese libro le cambiaré el nombre y lo arreglaré de otro modo, solo tengo 15 años y es mi primera vez haciendo esto me gustaría que le dieran una oportunidad a mi historia y también podrían darme unas cuantas ideas, los leo en los comentarios. Muchísimas graciaaaaaaaassssss🖤

Una vida no tan común.Stories to obsess over. Discover now