introducción- Antes del orgullo

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Antes del orgullo, hubo creación.
Antes del engaño, hubo equilibrio.
Y antes de que el primer dios alzara la voz… el universo respiró por primera vez.

No existía el tiempo. No existían los nombres. Solo un vasto silencio, temblando al borde del ser. Y entonces, algo se movió. No fue un estallido ni una explosión. Fue un susurro, un aliento, un deseo. Ese deseo tomó forma. Y de la nada surgieron los primeros hilos: luz, oscuridad, materia, conciencia.

Así nacieron ellos.

No se llamaban dioses aún. No lo necesitaban. Eran esencia pura, tejida del primer suspiro. Fueron quienes dieron estructura al caos, quienes con manos invisibles delinearon el cielo, las aguas, el fuego, y el corazón de todo lo vivo.

Durante eones gobernaron en silencio, sin necesidad de alabanzas ni tronos. El mundo prosperaba bajo su mirada discreta.

Pero entonces, surgieron ellas.

Pequeñas, brillantes, hermosas. Las hadas. Nacidas de los residuos de la magia primordial, danzaban entre los huecos del mundo. No construían, no destruían, solo existían… hasta que empezaron con sus mentira que se contaban entre ellas.

Se creian superiores.

Que su luz era más pura. Que su magia era más antigua. Que los dioses… eran solo sombras que habían olvidado cómo brillar.

Y los dioses callaron.

Por siglos, milenios incluso, observaron con ojos que ya no eran venerados. Vieron cómo las hadas se erguían sobre altares robados, proclamando supremacía con palabras envueltas en dulzura y veneno. Vieron cómo los mortales eran seducidos por el resplandor falso de aquellas criaturas nacidas del residuo, no del origen.

Pero los dioses no olvidan.

Y ahora, tras un silencio demasiado largo, los verdaderos dueños de la creación comienzan a despertar.

El equilibrio ha terminado.

La venganza… ha comenzado.

El dolor de la Hermosa venganzaStories to obsess over. Discover now