¡Esto es el maldito marvel!

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Nota: Los personajes y el universo de Marvel pertenecen a sus respectivos creadores. Esta historia es una obra de ficción sin fines de lucro. Solo la narrativa y los personajes originales creados por mí me pertenecen.

Era de noche. Casi las doce.

No era muy fanático de mi trabajo, pero al menos ya casi terminaba. Solo unos días más de servicio y podría volver a casa. No es que alguien me estuviera esperando, pero aún así... era mejor que pasar días enteros en un maldito agujero, rodeado de tensión, esperando por algo que tal vez nunca pasaría.

Entonces, lo escuché.

Un estruendo. No cerca. Lejano. Tal vez un par de kilómetros al este. No era lo que me preocupaba.

Lo que sí sonó cerca fue el cuerpo de mi compañero cayendo al suelo, con un agujero de bala justo en el centro del pecho.

—¡Ataque enemigo! —grité, girando sobre mí mismo, buscando cobertura.

Fue entonces cuando lo sentí. Un dolor punzante en la pierna. Algo metálico crujió bajo mi bota. Una mina. De esas que se suponía que ya estaban desactivadas.

La explosión me lanzó contra el suelo. Dolor. Ruido. Sangre. Todo al mismo tiempo. Mi cuerpo gritaba, pero ya no me respondía. Comenzaba a desvanecerme... hasta que lo vi.

Thadeo.

Mi compañero. Mi sombra en más de diez misiones. Subía a un vehículo enemigo. Tranquilo. Como si nada.

Me miró. No con culpa. No con miedo.

Con una maldita sonrisa.

Una parte de mí quiso arrastrarse hasta él. Agarrar mi rifle. Vaciarle el cargador en el pecho. Pero no pude.

Mi cuerpo ya estaba apagándose.

Y luego, solo oscuridad.

Silencio.

Un zumbido lejano. Como si estuviera bajo el agua.

Y luego... aire.

Jadeé. Abrí los ojos de golpe, como si saliera de un mal sueño, empapado en sudor frío. Mi corazón golpeaba como un martillo en el pecho. Respiraba como si me hubieran arrancado de la muerte misma.

Lo cual, tal vez, no estaba tan lejos de la verdad.

Estaba recostado en una cama vieja, en una habitación pequeña, oscura. El techo tenía grietas, y un ventilador giraba perezosamente. El colchón bajo mí era duro, barato. La manta, áspera.

Pero lo más extraño... era mi cuerpo.

Mis manos.

No eran las mías.

Tenían cicatrices que no recordaba. Nudillos rotos y mal soldados. Tatuajes desvanecidos. Eran manos que habían vivido otra vida. Que habían peleado. Destrozado.

—¿Qué... carajo?

Fue entonces cuando lo escuché.

Una voz metálica, impersonal, sonando directamente dentro de mi cabeza:

Sistema Omega activado.
Bienvenido, Ethan Graves.
Estado: Reencarnado
Sincronización Neural: 7%
Tiempo estimado para integración completa: 71h 52min
Objetivo Primario: Adaptarse al entorno.
Sistema desbloqueado: Procedimiento Spartan-II (Fase 1)
— Planos biomecánicos
— Requerimientos quirúrgicos
— Materiales entregados: Básicos
Nota: Implementación manual necesaria.
Recompensa por construcción exitosa: +10 Puntos Omega.
Me quedé ahí, sentado, respirando lentamente, como si cualquier movimiento pudiera borrar lo que acababa de escuchar. El dolor había desaparecido. Mi cuerpo... se sentía más fuerte. Más pesado, pero más resistente.

No era el mismo cuerpo con el que había muerto.

Y sin embargo, algo se mantenía intacto. Mi conciencia. Mi memoria.
Mi rabia.

Entonces lo recordé. Thadeo. La traición. La mina.

Cerré los puños.

Algo brillaba en el rincón de la habitación. Una caja metálica. Al abrirla, encontré placas, tubos, nanocables. Tecnología que no debería existir en ningún lugar de la Tierra. No aún.

Pero eso no era lo raro. Lo raro era que yo sabía exactamente cómo usarla.

Como si ya lo hubiera hecho antes.

—Esto no puede ser real —murmuré.

Pero el sistema no esperó confirmación. En mi visión, una nueva interfaz se proyectó, flotando como un HUD invisible. Mis estadísticas. Nivel. Estado físico. Misiones. Todo al alcance de un pensamiento.

Y justo cuando estaba por perderme en esa locura, alguien golpeó la puerta.

—¿Ethan? —Una voz gruesa, con acento—. ¿Luchaste anoche o qué, cabrón? Estás más pálido que un disco duro viejo.

Me levanté con dificultad y abrí. Un tipo robusto, con barba salpicada de canas y una caja entre las manos, me observó con una ceja levantada.

Manuel. Lo recordaba de los fragmentos de memoria que el sistema me había empujado a la fuerza. Mi proveedor. Piezas recicladas, electrónica... y cualquier otra cosa, siempre que pagaras lo suficiente.

—No dormí bien —dije. Y no mentía.

—Ajá. Bueno, traje los chips y las pantallas que pediste. Pero pareces recién salido de un ring. Si necesitas algo más... ya sabes. Solo dilo.

Dejó la caja en el mostrador de la pequeña tienda. Teléfonos, piezas viejas de computadoras, un par de monitores encendidos mostrando más estática que señal. La tienda de "Ethan", el tipo cuyo cuerpo ahora ocupaba, estaba al borde del olvido.

Pero no por mucho.

Afuera, Hell's Kitchen seguía siendo la misma selva de concreto de siempre. Y en la televisión, una noticia llamó mi atención.

"Tony Stark presentó su nuevo misil Jericho en Afganistán y ha desaparecido. Se desconoce su paradero, aunque muchos internautas ya especulan que podría estar muerto", anunció una presentadora con voz tensa, mientras en pantalla desfilaban las cifras bursátiles de Industrias Stark.

¡Mierda esto es el maldito Marvel!

Sistema tecnológico en Marvel Stories to obsess over. Discover now