Había una vez, en los jardines más puros del cielo, una mujer de alma clara y voz suave. Nadie sabía por qué, pero cada ciertos años, cuando el cielo dormía profundo y los ángeles cerraban sus alas, ella caminaba hasta el borde del mundo.
Allí, donde la luz toca la sombra,
donde el aire se hace espeso y el calor se vuelve recuerdo…
ella esperaba.
Y él… siempre aparecía.
Lucifer.
No con cuernos. No con risas maliciosas.
Sino con el rostro cubierto de eternidades, los ojos cansados,
y una ironía triste que apenas escondía su soledad.
—¿Vienes a predicarme, otra vez? —decía él, medio molesto, medio curioso.
—No. Vengo a verte —respondía ella, sin miedo.
Él no entendía.
No pedía nada. No ofrecía nada.
Solo estaba ahí, como si su existencia no fuese una condena, sino una historia sin terminar.
Ella le hablaba del cielo.
De los jardines.
De las risas de los niños que habían partido.
De las canciones que cantaban los que habían perdonado.
Y a veces… le dejaba una flor.
Una simple flor blanca, que increíblemente no se quemaba en su mundo.
Lucifer nunca la tocaba, pero tampoco la destruía.
La miraba con furia contenida.
Y luego… silencio.
Los demás la veían marcharse.
Y hablaban.
Y murmuraban.
Y rezaban por ella como si estuviera perdida.
Pero Dios…
Dios no decía nada.
Porque Él sabía que el amor más puro no siempre parece lógico.
Y que los más valientes no son los que vencen al mal,
sino los que se atreven a mirarlo sin odio.
El día que ella murió, el cielo la recibió con gloria.
Los ángeles vinieron a coronarla con luz.
Pero ella, con dulzura, solo pidió una cosa:
Déjame verlo. Solo una vez más.
Y el Padre, con ojos llenos de amor y comprensión, le respondió:
Cada vez que el fuego de su mundo no destruya lo que dejaste…
sabrás que estoy cumpliendo tu deseo.
En el rincón más oscuro del infierno,
una flor blanca sigue creciendo.
Y aunque Lucifer nunca la riega,
nunca deja que nadie la toque.
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La flor que no quería quemarse
Randomuna leyenda escondida entre el cielo y el infierno... Una historia que nadie se atrevería a contar Anais una mujer pura y noble que un día mientras cortaba mangos y hierbas medicinales se encontró a lucifer quien estaba ahí ..... una mujer que ama...
