capitulo 1 "el camino hacia la oscuridad"

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"No, no lo dije. Pero si te mentí, lo viste?"

La vida de Aiden nunca tuvo nada fuera de lo común. Creció en un barrio de clase media, en una ciudad donde cada día se repetía como un ciclo interminable. Su madre, Isabel, trabajaba incansablemente para mantener el hogar tras la muerte de su esposo. Aiden nunca tuvo una relación cercana con su padre; su recuerdo era solo un eco lejano en fotos polvorientas y en las palabras de su madre cuando hablaba de los días mejores. Desde que era niño, Aiden sintió que algo estaba mal en él. Una desconexión con el mundo, como si fuera un observador en lugar de un participante. A medida que creció, esa sensación se intensificó. El vacío en su pecho lo acompañaba a todas partes, una sombra persistente que ni siquiera sus pocos amigos podían disipar. Entre ellos, Noah, su mejor amigo desde la infancia, era la única persona con la que Aiden podía hablar sin sentirse completamente fuera de lugar. Los días de Aiden transcurrían en una monotonía implacable. Se despertaba antes del amanecer, escuchando la cafetera de su madre burbujear en la cocina. Ella ya estaba vestida y lista para irse al trabajo cuando él bajaba las escaleras. Su conversación siempre era breve:

—Desayuna algo, Aiden.

—No tengo hambre.

—No quiero que te desmayes otra vez en la escuela.

No discutía. Se servía un café que apenas tocaba y salía al frío matutino. Caminaba hacia la escuela con los audífonos puestos, ignorando el bullicio de la ciudad despertando a su alrededor. En clase, era solo una sombra más en la multitud, atento pero distante, incapaz de encontrar sentido en las palabras de los profesores o en los chistes de sus compañeros. Noah, por otro lado, era el único que podía sacarlo de su letargo. Siempre le hablaba de teorías conspirativas, bandas underground y libros que solo él parecía entender. Aiden lo escuchaba sin mucho interés, pero apreciaba su presencia. Por las tardes, tras las clases, solía caminar sin rumbo antes de volver a casa. Las luces de neón parpadeaban en las calles sucias, reflejándose en charcos de lluvia. En esos momentos, sentía que su existencia carecía de peso, como si pudiera desaparecer y nadie lo notaría.

Todo cambió una noche. Había salido más tarde de lo usual. Noah lo había convencido de ir a un club donde tocaba una banda de rock alternativo. La música era alta y distorsionada, el aire estaba cargado de humo y sudor. Aiden no encajaba en ese ambiente, pero se quedó por Noah. Cerca de la medianoche, decidieron irse. Caminaban por calles desiertas, sus pasos resonando en el pavimento mojado. De repente, Aiden sintió un escalofrío. Una sensación de que algo lo observaba desde las sombras. Miró a su alrededor, pero no vio nada. Noah, notando su inquietud, se río.

—Estás paranoico, hermano.

Aiden quería creerle, pero su instinto gritaba lo contrario.

A pocas cuadras de su casa, Noah se despidió y dobló en otra dirección. Aiden quedó solo. Fue entonces cuando sucedió. Un auto negro sin matrículas se detuvo a su lado. La puerta trasera se abrió y antes de que pudiera reaccionar, un brazo fuerte lo sujetó y lo arrastró adentro. Intentó gritar, pero una bolsa de tela fue colocada sobre su cabeza. Sus manos fueron atadas con bridas de plástico. El olor a cloroformo impregnó su nariz y, poco a poco, el mundo se desvaneció en la oscuridad.

Despertó en una habitación blanca y estéril. Sus muñecas y tobillos estaban sujetos a una camilla metálica. Las luces fluorescentes parpadeaban sobre él. Intentó moverse, pero su cuerpo no respondía. Una figura vestida con una bata médica se acercó. Su rostro estaba cubierto por una máscara quirúrgica.

—Bienvenido, Aiden —dijo con voz neutral—. Nos has resultado un sujeto interesante.

Aiden trató de hablar, pero su garganta estaba seca. El miedo se aferró a su pecho como una garra helada.

engendros...La tua prossima ossessione. Scoprilo ora