Su Primer Hola

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No recuerdo haber tenido un viernes tan tranquilo. Estaba tirado en la cama, con el celular en una mano y los audífonos puestos. Spotify sonaba de fondo, alguna lista melancólica que no recuerdo, cuando recibí un mensaje de un número que no tenía registrado.

"Hola. Perdón si soy imprudente, pero te vi en el estado de un amigo... y no pude evitar escribirte."

Fruncí el ceño. No era común que alguien me hablara así, y menos una chica desconocida. Pero había algo en ese mensaje, algo directo pero dulce al mismo tiempo, que me dio curiosidad.

Yo:
"¿Hola? Wow, no esperaba eso. ¿Quién eres?"

Ella:
"Soy Valentina. Amiga de Carlos. Vi tu foto y... no sé, me dieron ganas de saludarte."

Valentina. El nombre se me grabó de inmediato. Era raro, pero sentí una especie de electricidad al leerlo. Tal vez fue su espontaneidad, o tal vez solo era yo, aburrido, buscando una excusa para sonreír.

Yo:
"Me llamo Leo. Y debo decir que me alegra que lo hayas hecho. No todos los días alguien tan linda me escribe de la nada."

Su respuesta no tardó mucho.

Valentina:
"Eres rápido para los cumplidos."

Yo:
"Y sincero. ¿Sueles escribirle a desconocidos?"

Valentina:
"No. Esta es la primera vez que lo hago. Pero me dio buena vibra tu sonrisa. Y hoy... necesitaba distraerme."

Algo en esa frase me hizo querer seguir hablando con ella toda la noche. Y lo hicimos. Hablamos durante horas. Pasamos de las típicas preguntas a cosas más profundas: lo que nos gustaba, lo que no soportábamos, sueños, inseguridades... Fue como si la conociera de toda la vida. Y eso me dio miedo, pero también me fascinó.

Al día siguiente, apenas desperté, le envié un audio. No podía sacarla de mi cabeza.

-Buenos días, Valen. Espero que hoy sí me mandes una selfie para saber si eres real o si solo soñé todo anoche...

Su respuesta me llegó minutos después, con una risa escrita entre líneas.

Valentina:
"No soy un sueño. Pero sí puedo ser tu pesadilla si me tratas mal."

Reí. Me encantaba su forma de hablar. Tenía una actitud que me volvía loco.

Yo:
"Entonces tendré mucho cuidado. ¿Qué planes tienes hoy?"

Valentina:
"Si me invitas a un café, quizás cambien mis planes."

La leí dos veces. ¿Ella quería verme?

Yo:
"¿Estás diciendo que quieres verme?"

Valentina:
"¿Y tú? ¿No quieres verme tú a mí?"

Yo:
"Claro que sí. Pero pensé que eso tardaría más en pasar..."

Valentina:
"No suelo esperar tanto cuando algo me gusta."

Ahí lo supe. Valentina no era una chica cualquiera. Había algo distinto en ella. Me hizo sentir nervioso de camino a la cafetería donde quedamos de vernos, como si tuviera 15 otra vez.

Cuando la vi entrar... me quedé en blanco. Llevaba una chaqueta negra, jeans ajustados y una sonrisa tímida que me mató.

-Hola, Leo -dijo bajito.
-Hola, Valentina -respondí, levantándome. No sabía si besarle la mejilla, abrazarla, quedarme quieto...
-¿Te costó mucho dar el primer paso? -preguntó ella, mirándome a los ojos.
-Mucho menos de lo que pensé... y no me arrepiento -dije, siendo completamente honesto.

Nos sentamos, pedimos café, y hablamos por horas. Todo fluía. Cada silencio entre nosotros era cómodo, cada risa sincera. Y aunque no lo dije esa noche... supe que algo dentro de mí había cambiado.

Y apenas era el comienzo.

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