Capítulo 1 - La diva

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—¡SENKUU...! ¡Tu querido padre por fin ha vuelto a casa! —Byakuya invadió la habitación de su hijo con una enorme sonrisa. Sostuvo los brazos extendidos, esperando expectativamente un abrazo que nunca llegaría.

—¿No se te ocurrió tocar la puerta antes de entrar, viejo? —Senku preguntó, sin apartar la vista de los monitores de su computadora.

—Vaya, hijo, ¿qué manera es esa de recibir a tu padre después de seis meses en el espacio? ¿No me extrañaste ni un poco? —lloriqueo Byakuya, dejando los brazos caer.

—Sí, claro. De hecho, te extrañé tanto que casi estoy a punto de llorar a mares. Muy pronto necesitaría un bote para no hundirme en mis propias lágrimas —dijo en tono completamente deprivado de emoción.

—Qué gracioso... ¿Te cuesta tanto al menos decirme hola? —Byakuya frunció el ceño a Senku, quien aún le daba la espalda. Jamás se acostumbrará a la fría indiferencia de su hijo.

—Bienvenido —le contestó en tono seco—. ¿Satisfecho? ¡Ahora déjame en paz! Y cierra la puerta al salir, ¿vale?

—Un momento, Senku.

Suprimiendo su decepción, recuperó su comportamiento jovial y se acercó a su hijo, poniendo una mano sobre su hombro. Luego, en un movimiento abrupto, giró la silla de Senku para que se vieran el uno al otro.

—Pon atención. Deja tus investigaciones por un momento. Hay alguien a quien te quiero presentar. Vino desde Estados Unidos para conocerte. —Sus ojos brillaron con anticipación.

Senku quedó más confundido que curioso. Alzó una ceja, mirando a su padre con recelo.

—¿Quién vendría hasta Japón solo para conocerme? Dime... ¿Conseguiste una novia o qué? —lo acusó con una sonrisa ladina mientras se rascaba el oído con el meñique, igual que siempre.

Byakuya quedó tan sorprendido por esa pregunta que casi se atragantó con la saliva. Rápidamente recuperó la compostura y carraspeó.

—N-no seas ridículo. Ahora, ven para introducirlos. —Lo agarró de la muñeca y lo arrastró hacia la sala.

—¿Qué? ¿Ahorita mismo?

—¡Exacto!

—Senku... ¡Saluda a la bella y única, la diva del pop, Lillian Weinberg! —anunció en inglés, extendiendo los brazos hacia la mujer antes mencionada de manera ostentosa.

—¡Sorpresa! —Lillian gritó emocionada, lanzando las manos al aire.

Senku quedó aturdido. Hizo todo lo posible por no quedarse boquiabierto como un idiota. Al decir que estaba sorprendido, sería una atenuación. Estaba completamente desconcertado.

Ya sabía que Lillian había viajado a la Estación Espacial Internacional junto a Byakuya como turista espacial, pero la idea de que ella estuviera en su departamento en ese mismo instante era algo que nunca había cruzado su mente en diez mil millones de años. Después de un buen rato de silencio, Byakuya fue el primero en romper el hielo.

—¿Qué te pasa, Senku? ¿Te comió la lengua el gato? —se burló, riéndose divertido de la falta de palabras de su hijo.

—Ella es demasiado joven para ti, viejo —dijo, molesto, con ojos entrecerrados, hablando en japonés.

—¡Eso no tiene nada de gracia, Senku! Ahora, compórtate.

—Bien, bien —acordó, riendo entre dientes ante la angustia de su padre.

—Emm... Lo siento, pero aún estoy aprendiendo japonés. Tu papá me había dicho que ambos hablan inglés. Solo entendí las palabras joven y más —explicó Lillian.

¿Te comió la lengua el gato?Stories to obsess over. Discover now