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Aún recuerda como el rey lo envió a una guerra cuando apenas tenía catorce onomásticos, un niño sin experiencia en un gran campo de batalla experimentado

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Aún recuerda como el rey lo envió a una guerra cuando apenas tenía catorce onomásticos, un niño sin experiencia en un gran campo de batalla experimentado. Odio a su progenitor en ese momento, más de lo que ya lo hacía. Aún siendo tan joven lideró tropas de miles de hombres y jóvenes de excelente forma, los pocos que lo conocían quedaron sorprendidos al ver al primogénito del rey tan maduro y feroz, como ellos habían citado. El príncipe con su joven dragón dorado oro quemó, asesinó, mato y derrumbó a cientos y miles de hombre, todo testigo que había estado pudieron ver el fuego en los ojos amatistas.

Aegon II Targaryen, hijo del rey Viserys Targaryen y la reina consorte Alicent Hightower, nombrado el ángel arrasado. Era recordado, aclamado, amado y respetado por los hombres de campo de batalla, un joven que lucho ante su voluntad de forma impecable sin siquiera saber como se usaba la espada. Lo recordaban por su belleza, el Targaryen más hermoso que pudo haber existido, era como un ángel, tan bello e irreal, con su piel y su cabello ondulado casi tan blancos como la nieve y esos exóticos ojos morados que siempre estaban apagados y sin brillo. Sin dudas hubiese sido un gran hombre que tendría varias damas que quisieran ser desposadas por el príncipe.

Luego de que la guerra terminara, unos hombres que se habían escondido sigilosamente atacaron al joven príncipe por la espalda haciéndole caer al suelo al instante aquellos hombres del bando contrario llevando el cuerpo del niño siendo arrastrado por el suelo dejando un pequeño rastro de sangre que fue cortado a unos cuantos metros. Los hombres habían vuelto victoriosos, pero con una pérdida muy fuerte en sus corazones.

Cuando la reina se enteró de la muerte de su primogénito lanzó un grito de dolor que se escuchó por todo el reino, Alicent lloró día y noche aún cuando ya no le quedaban lágrimas que derramar. Desde ese día no uso otro color que no fuese el negro, estaba de luto. Alicent se lamentó por haber sido mala madre, por no haberlo entendido cuando Aegon le decía que no quería la corona, su hijo había buscado escapatoria en el alcohol y la calle de seda viendolo como el único lugar donde quien era no importaba, o eso fue lo que alguna vez él le dijo recibiendo una cachetada por ello.

Había ignorado a su hijo mayor, era tanto el enojo que le daba con todos los problemas que daba que empezó a dejarlo de lado, después de todo él no era su hijo, era del trono, quien cuando el rey muriese tomaría su lugar con Helaena a su lado como su esposa. Helaena, su dulce niña con extraños sueños, ella tampoco le pertenecía, ella no era mas que otra pieza en el juego de su padre, ella le perteneceria a Aegon y la corona.

Luego estaba su pequeño Aemond, su perfecto e inteligente niño, él era suyo, apenas lo tuvo en brazos amo a su hijo, a medida que este fue creciendo su amor y orgullo hacia él también, Aemond demostraba completa atención a sus clases, destacándose entre sus hermanos por su inteligencia, Aemond se encerraba por largos tiempos en la biblioteca o en sus aposentos con varios libros sobre la historia Valirya y su idioma. Alicent se escabullia en las clases de defensa para ver a sus hijos, ahí fue que notó el gran talento que poseía su pequeño con la espada, moviéndose con destreza. Era por ello que demostraba suma atención e interés a Aemond,  era su favorito, porque era suyo.

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