CAPÍTULO UNO: VOCES EN LA OSCURIDAD
El viento comenzaba a soplar con mayor intensidad, susurrando entre los árboles que rodeaban el pueblo de Hollow Creek. Las ramas crujían bajo el peso del aire denso y húmedo, y las hojas secas volaban por el suelo en espirales extrañas, como si fueran arrastradas por una fuerza que no podían controlar. Ana y Javier caminaban juntos, sus pasos resonando en las calles vacías del pueblo, cada uno con una linterna en mano, pero la luz parecía ahogarse bajo la oscuridad del entorno.
El pueblo estaba muerto. No había señales de vida. No se veía ni un solo animal o insecto. Todo lo que rodeaba a los dos jóvenes era silencio, un silencio inquietante, denso, como si algo estuviera esperando, observando cada uno de sus movimientos. Era como si el aire mismo estuviera atrapado en un limbo entre la vida y la muerte. No había ni una sola chispa de actividad humana, solo las ruinas de un lugar que, por alguna razón, había quedado detenido en el tiempo.
"Este lugar no tiene sentido, Ana", murmuró Javier, mirando a su alrededor con un gesto que denotaba desconfianza. Las casas, a su izquierda, se alzaban como gigantes dormidos, cubiertas de musgo y polvo, con las ventanas rotas y las puertas colgando, como si quisieran dejar entrar la oscuridad. "Nadie ha vivido aquí en años. No hay ni un rastro de que alguien haya estado aquí. Nada."
Ana lo miró, con la luz de su linterna reflejada en sus ojos, un brillo decidido pero, a la vez, preocupado. Había algo en el aire, algo que la estaba inquietando, pero se obligó a apartar esa sensación. Su deseo de encontrar respuestas la empujaba hacia adelante, hacia lo desconocido. Tenía que descubrir qué había sucedido en Hollow Creek, y no se iba a detener solo por un poco de miedo.
"No podemos dar la vuelta ahora, Javier", dijo con una voz más firme de lo que sentía. "Vinimos aquí con un propósito. Sabemos que algo sucedió aquí. Los desaparecidos, las leyendas... Todo eso tiene que ver con este pueblo. Debemos averiguar qué pasó."
Javier se quedó en silencio por un momento, mirando la oscuridad que los rodeaba. Finalmente, suspiró y asintió, aunque todavía se veía reticente. "Lo sé, Ana. Pero hay algo raro en este lugar. Te lo juro. Siento que algo... algo nos está observando."
Ana sonrió débilmente, intentando disipar la tensión. "Es solo la atmósfera de este lugar. Nos juega una mala pasada. Vamos a seguir adelante. Quizás encontremos algo."
Los dos continuaron caminando, con sus linternas iluminando débilmente las paredes de las casas que pasaban a su lado. Cada una parecía más desvencijada que la anterior. Ana pudo ver a través de las ventanas rotas que los muebles estaban cubiertos de polvo y telarañas, pero todo estaba perfectamente intacto, como si el tiempo no hubiera pasado. No había signos de robo ni de vandalismo, lo que solo aumentaba el misterio.
Finalmente, llegaron a una casa más grande, una construcción que parecía haber sido la residencia de una familia adinerada en tiempos pasados. La mansión estaba en peor estado que las otras, con el techo hundido y las paredes cubiertas de grafitis. A pesar de su mal estado, la casa emanaba una sensación de poder, como si hubiera sido importante en su época. La puerta principal estaba entreabierta, como si alguien hubiera intentado entrar y no lo hubiera logrado.
Ana se adelantó, empujando la puerta con la mano. Al abrirse, un chirrido resonó en el aire, rompiendo el silencio absoluto del pueblo. Dentro, la oscuridad era total, y el aire estaba cargado de polvo. Todo parecía estar suspendido en el tiempo, como si alguien hubiera dejado de vivir allí de golpe. No había ningún rastro de lo que había sucedido.
"Esto no parece real", dijo Javier, mirando a su alrededor. "Es como si todo estuviera congelado. No se ve ni el más mínimo rastro de alguien que haya vivido aquí."
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El Legado Maldito de Hollow Creek
HorrorHollow Creek era un pueblo olvidado, rodeado de bosques oscuros y secretos enterrados. Nadie sabía con certeza qué había pasado allí, solo que un día todos sus habitantes desaparecieron sin dejar rastro. Ana, una periodista curiosa, recibió un corre...
