1.

11 0 0
                                        

En un vacío salón, el silencio reina de forma pacífica y elegante. Las sillas y mesas individuales se alinean perfectamente, con cada esquina y cada línea en su lugar. Un pizarrón al frente, con sus respectivas fibras organizadas a la perfección. Todo en este espacio parece estar cuidadosamente dispuesto, como si hubiera sido diseñado para ofrecer el ambiente más tranquilo y ordenado posible. El aire es fresco, lo suficientemente suave para ser reconfortante sin resultar frío, y hay una tranquilidad palpable en el lugar. Un ambiente ideal para estudiar, para concentrarse y aprender, pero, ¿será posible que el amor florezca en un lugar así? En este espacio tan perfectamente estructurado, podría parecer imposible que algo tan caótico como el amor tuviera cabida. No sabemos qué pasará en el futuro, qué ocurrirá cuando los días pasen y la rutina se repita, pero por ahora enfoquemos la cámara en el presente, en lo que está sucediendo ahora mismo, en este momento suspendido en el tiempo.

Pasos calmados, ligeros, casi sigilosos, se escuchaban en el pasillo cercano. Zapatillas que rozaban suavemente con el suelo, cada paso anunciando la llegada de alguien. Al final de esos pasos, ahí estaba él. Santiago. Un chico de pelo negro ondulado, que caía de forma algo desordenada sobre su frente. Llevaba brackets que a veces le daban un toque juvenil, aunque a él no le agradaba mucho. Su piel era relativamente pálida, y si alguien se fijaba bien, podían ver algunas marcas de acné antiguas que no lograban desvanecerse por completo. Caminaba con su mochila colgada de un solo hombro, como si el peso de la vida cotidiana se dejara sentir incluso en ese pequeño gesto. Con cada paso, soltaba un suspiro cansado, como si llevara el peso del mundo sobre sus hombros. Tal vez cansado de la rutina, tal vez triste, o tal vez solo aburrido. Pero ¿quién sabe lo que realmente pasaba por su mente en ese momento? Se "lanzó" a su asiento, sin pensarlo demasiado, por no decir que se lanzó al primer lugar que vio disponible. Se dejó caer en la silla con un gesto que parecía casi resignado, como si no le importara demasiado. Miró al frente por un momento, luego levantó la vista al techo con esa mirada perdida, una mirada vacía, como si estuviera desconectado del mundo que lo rodeaba. Una mirada muerta, que parecía reflejar más de lo que estaba sintiendo en ese preciso instante.

Frunció el ceño, como si intentara alejarse de sus pensamientos, y comenzó a rebuscar en su mochila, buscando algo que lo distrajera, algo que lo sacara de su propio ciclo de pensamientos. Finalmente, sacó su teléfono móvil y lo miró en sus manos.

"¿Qué tanto estará haciendo que no viene a clases o no vendrá?"

Pensó, la pregunta resonando en su mente como una constante. No sabía qué pensar. Estaba confundido por la ausencia de esa persona, por esa falta que se había hecho tan evidente en su rutina diaria. A veces, se sentía como si las horas pasaran más lentamente cuando ella no estaba allí.

Antes de siquiera poder escribir un mensaje o hacer cualquier movimiento en su teléfono, la puerta se abrió de golpe, interrumpiendo sus pensamientos. Santiago levantó rápidamente la vista, con una leve esperanza, un destello de emoción fugaz. ¿Será el? Si, si era el. La figura que apareció en el umbral era familiar. Era su mejor amigo, Bautista.

Bautista entró al salón con una sonrisa relajada, como si no tuviera prisa, como si no le importara que el tiempo hubiera avanzado sin él. El chico de pelo marrón rizado, con su piel un poco más morena que la de Santiago, y con un cuerpo relativamente más delgado. Había algo despreocupado en su caminar, algo que lo hacía parecer siempre tan seguro de sí mismo, como si nada pudiera quitarle su tranquilidad. Caminó hasta donde estaba Santiago, con su mochila colgada de un solo hombro, buscando algo entre sus cosas. Cuando vio a su amigo, soltó una pequeña sonrisa divertida, como si ya esperara el tipo de bienvenida que Santiago le daría.

— Al fin llegas, imbécil. — La voz de Santiago, aunque algo molesta, estaba teñida de una ligera preocupación. Había algo en la forma en que lo dijo que delataba que su emoción por verlo era mayor de lo que trataba de dejar ver.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Mar 26, 2025 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

English classesWhere stories live. Discover now