Tori nunca imaginó que la persona en quien más confiaba se convertiría en su peor pesadilla.
El tío Mark siempre había sido su héroe. De niña, le compraba helado después de las presentaciones de canto y le decía que algún día sería una estrella. La hacía reír con sus chistes y le daba los mejores abrazos cuando se sentía triste.
Por eso, cuando la invitó a su casa a ver películas, no dudó en aceptar.
Pero todo cambió cuando él cerró la puerta con seguro.
—¿Sabes lo hermosa que eres, Tor? —susurró, su mirada oscura clavándose en ella de una forma que nunca antes había visto.
El corazón de Tori se aceleró. Una sensación de alarma se disparó en su pecho, pero intentó calmarse. Es mi tío, no me haría daño.
Hasta que sintió sus manos en su cintura.
—T-Tío Mark... ¿qué haces?
—Shh, pequeña, relájate.
Su cuerpo se congeló. Quiso moverse, pero el miedo la paralizó. Su tío se inclinó más, su respiración cálida contra su cuello.
No podía respirar. No podía pensar.
Hasta que, con toda la fuerza que pudo reunir, empujó su pecho y gritó:
—¡ALÉJATE DE MÍ!
Corrió a la puerta, forcejeó con el seguro y salió corriendo sin mirar atrás.
Lágrimas ardían en sus ojos cuando llegó a su casa. Su mamá. Su papá. Ellos la ayudarían.
Pero no fue así.
—¿Estás diciendo que tu tío intentó...? —Su padre frunció el ceño.
—Eso es ridículo, Tori. Es parte de la familia —dijo su madre, cruzándose de brazos.
—¡Estoy diciendo la verdad! ¡Él intentó tocarme y... y si no me hubiera escapado...!
—No seas dramática —la interrumpió su padre con voz dura—. Mark nos explicó todo. Dice que tú malinterpretaste las cosas, que estabas coqueteando con él y...
—¡¿QUÉ?! —Tori sintió que el mundo se derrumbaba.
—No puedo creer que acuses a tu propio tío de algo tan horrible. Nos avergüenzas, Tori —escupió su madre con desprecio.
—Pero... mamá... —Las lágrimas caían sin control—. Yo...
—Ya no eres bienvenida en esta casa.
El golpe final.
Tori sintió que su corazón se rompía en mil pedazos cuando vio a su padre abrir la puerta. ¿Cómo podían hacerle esto? ¿Cómo podían creerle a él y no a ella?
Temblando, salió con lo poco que tenía: su mochila y el celular en la mano.
No tenía adónde ir. No tenía a nadie.
Hasta que sonó su teléfono.
"Jade".
Su última esperanza.
