Capítulo único

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Esto no está terminado, aún lo sigo editando. Hay mucha redundancia (especialmente en las partes finales) y errores que corregir.

Solo me gustó la parte donde describo el trabajo del In-ho pipipi.

Comenten cualquier wea xfa

...

El goteo irregular del café llenaba el silencio de la sala de descanso. In-ho observaba la máquina mientras se pasaba una mano por la nuca, tratando de aliviar la rigidez que se acumulaba en sus músculos.

Nunca había sido un hombre de lujos, pero últimamente se había encontrado considerando la posibilidad de invertir en un buen sillón de masajes. O en una silla mejor. Algo que le recordara que el dinero extra que ganaba valía la pena.

"Es más que suficiente para alguien como yo."

Ese pensamiento lo reconfortaba. Lo ayudaba a olvidar que cada mes tenía que sentarse frente a un psicólogo que evaluaba si estaba demasiado jodido para seguir en su puesto.

Cualquier signo de desgaste severo y lo sacarían de ahí. No por compasión, sino por eficiencia. Nadie aguantaba mucho tiempo en esa unidad. El personal se rotaba constantemente para evitar que los casos se convirtieran en algo más que simples expedientes.

Al menos le quedaba la esperanza de que, tarde o temprano, le tocaría a él.

El sonido mecánico de la máquina lo sacó de sus pensamientos. Sirvió el café en un vaso de cartón, removió el líquido con el palillo de plástico y tomó un sorbo antes de encaminarse a su escritorio.

Había pasado poco tiempo desde su ascenso. Su éxito en el caso del hombre del dakkji le había conseguido un puesto en una de las unidades de análisis más importantes del país.

Se trataba de un tipo que atraía a ingenuos en el metro de Seúl para luego convertirlos en protagonistas de videos snuff descubiertos en foros cerrados. Su rostro nunca aparecía en las grabaciones, solo sus manos callosas, golpeando con precisión el dakkji rojo antes de que la pantalla se fundiera a negro.

In-ho se había sentido orgulloso de su trabajo. De lo que había logrado.

Pero todo el entusiasmo fue reemplazado por el horror que tenía que presenciar delante de un ordenador.

Ahora esa era su rutina.

Café barato, reportes interminables, evaluaciones psicológicas mensuales y un cuello cada vez más rígido por pasar horas frente a la pantalla.

No era fan de la confrontación, nunca lo había sido. Pero aun así, no podía evitar extrañar la adrenalina de las persecuciones o las requisas a lugares de mala muerte. Extrañaba la sensación de hacer justicia con sus propias manos, no con los ojos fijos en una pantalla llena de rostros borrosos y gritos distorsionados.

Parecía que el hombre del dakkji lo había maldito. Aunque la paga era buena y aún seguía ayudando a la gente, ya no podía sacudirse la sensación de que cada caso le robaba un pedazo de sí mismo.

Como policía había visto numerosos horrores, relatos de violencia y algunos cadáveres. Pero nada de eso se comparaba a lo que tenía que ver frente a la computadora cada día.

Videos con ediciones torpes, habitaciones con paredes desnudas, colchones manchados y luces demasiado tenues o demasiado blancas.

Voces apagadas, gritos insoportables, nombres desconocidos siendo susurrados.

Miradas vacías de personas que ya sabían que no iban a salir de ahí.

Apretó la mandíbula, intentando recordar lo que le dijeron en la primera evaluación psicológica.

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⏰ Last updated: Apr 17, 2025 ⏰

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