- Es por eso, Amanda...
- Aria- corrijo sin dejar que termine de hablar.
Hacia 2 años que trabajaba en el mismo lugar... ¿y aún no se sabía mi nombre?
- ... Aria - se re acomodó en su silla haciendo énfasis en mi nombre - que es mejor que tu puesto lo tome otra persona. - Finalizó mientras se rascaba la barba.
Cuando dijo eso me quedé callada durante unos segundos... ¿me estaba despidiendo? ¿Así como así?
- Disculpe señor, pero no estaría entendiendo muy bien la decisión.- lo dije mientras observaba como se pasó a mirar las uñas.- Cumplo más horas semanales que las necesarias, remplazo a mis compañeros cuando hay un imprevisto, cumplo siempre mi horario entero, no tuve ni una falta...
- De hecho si, tuviste una hace un par de meses- me cortó mientras levanto las cejas y me señaló con el dedo, como si lo que dijo fuera el descubrimiento más gigante de la historia.
- Pero fue por un desmayo... no hay ventilación en este lugar y cerca del horno en verano hace demasiado calor...
- Pero, ¿lo ves? Estás mintiendo. - dijo sin dejarme terminar mi oración. Se hecho hacia atrás y sacó una libreta azul oscura de su escritorio. Empezó a relojear las hojas hasta que encontró la que estaba buscando.- ¡Acá está! Amanda, 12 de octubre de 2022, se retira al "médico" - hizo las comillas mientras sonreía sarcásticamente - 17 minutos antes de que su jornada laboral finalizara.- cerró con un golpe certero la libreta y me miró victorioso.
Respire profundo.
Mi jefe es un hombre de aproximadamente 45 años, con baja estatura y sobrepeso. Desde que lo conozco, lo único que usa son camisas a cuadros marrones y rojas. Curiosamente ahora que recuerdo, siempre tiene el mismo olor a perfume mezclado con sudor.
Es de esas personas que usan relojes de alta gama que no funcionan y compraron en una feria de segunda mano, de los jefes que duermen todo el día en su oficina y de esos que te despiden de un segundo para el otro sin motivo.
Ah y también de los que se te insinúan constantemente. Recuerdo la primera vez que pise este lugar en busca de trabajo y como me salvó a pesar de ser totalmente esclavo y teniendo una paga miserable. Pero también recuerdo como había compañeras que debían de hacerle "favores" por no poder hacer milagros en el trabajo. Y también recuerdo como llegaban "denuncias anónimas" provocadas por mi.
- Yo necesito que me de un motivo de despido... es ilegal lo que usted está...
- Chs, chs, chs- Me cortó callándome mientras levantaba un dedo delante de mi nariz.
Esto tenía que ser un maldito chiste.
- Pero...
- Chs, chs, chs- volvió a repetir con una sonrisa de oreja a oreja.
- Señor de verdad necesito el empleo...
Y por tercera vez consecutiva, volvió a interrumpirme.
- Soy tu jefe y puedo hacer lo que quiera. Estas trabajando por izquierda así que ¡adelante! Denúnciame, hace lo que quieras, ya no es mi problema.
Tome una fuerte bocanada de aire y apreté los dedos fuertemente sobre mis piernas para no terminar golpeándole la cabeza contra el bendito escritorio.
No me entraba en la maldita cabeza toda esta situación, pero como lo supe desde el primer día no podía quejarme: mi jefe era un estúpido e intentar hablar con el sobre derechos humanos era doblemente estúpido.
Por lo que, me levanté de mala gana e ignoré por completo la mano que me tendió con una sonrisa de oreja a oreja.
Este hombre estaba muy poco cuerdo. No había otra opción.
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TORMENTA PERFECTA
RomanceA Aria parece salirle todo bastante mal. Se queda sin empleo, tiene problemas financieros y todo lo que hace suele salirle mal. El mundo está en contra suya. Pero de pronto se ve obligada a convivir con un chico que es capaz de ponerle la vida en or...
