La nada no alimenta el capricho; la nada es solo el silencio y la soledad de un corazón vacío.
Nosotros fuimos la nada de un amor que se marchitó en silencio.
Éramos dos almas en el vasto océano la incertidumbre, creyendo que el tiempo nos daria chances de estar, de perecer juntos, que el destino nos tenía algo mejor que un simple adiós. Pero el amor no se sostiene en promesas huecas ni en miradas que se esquivan. Se desmorona en los suspiros no dichos, en las despedidas que nunca se pronuncian.
Nos convertimos en sombras de lo que fuimos, en ecos de palabras que nunca encontraron respuesta. Y así, entre la indiferencia y las peleas sin sentidos, nos perdimos sin siquiera luchar, dejando que el olvido nos devorara de a poco.
