Silencio Bajo el Mar

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El sol de Fondo de Bikini iluminaba con su tenue resplandor las casas del vecindario. Calamardo regaba sus plantas con paciencia, disfrutando de uno de los pocos momentos de paz en su vida. Pero, como era de esperarse, la tranquilidad no duró mucho.

—¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Vamos, Patricio, más rápido! —gritó Bob Esponja mientras corría de un lado a otro con su amigo estrella.

Patricio, con su habitual torpeza, tropezó con su propio pie y rodó varios metros antes de estrellarse contra una roca. Bob Esponja, en lugar de preocuparse, simplemente se tiró al suelo riendo a carcajadas.

Calamardo cerró los ojos con frustración y murmuró entre dientes.

Estos dos idiotas...

Resoplando, alzó la voz:

—¡Vosotros, par de mentecatos! ¡Dejad de hacer el imbécil!

Pero antes de que pudiera reaccionar, Bob Esponja salió disparado hacia él y, en un abrir y cerrar de ojos, se lanzó sobre sus brazos como si fueran los de un amante reencontrado.

—¡Buenos días, Calamardo! —gritó Bob, pegando su cara a la suya—. ¡Qué hermoso te has levantado hoy...!

Usando un tono seductor, recorrió con su dedo la ceja gruesa de Calamardo, delineándola con exagerada delicadeza.

Calamardo parpadeó, congelado en el asco absoluto. Luego, sin más, empujó a Bob Esponja con fuerza, haciéndolo caer de espaldas.

—¡Largo de aquí, mocoso baboso! —gruñó mientras entraba de vuelta a su casa y cerraba la puerta de un portazo.

Desde el otro lado, escuchó la característica risa de Bob Esponja, esa carcajada chillona y molesta que hacía que le hirviera la sangre.

—Ugh... no puedo más con este lunático —se dijo, masajeándose las sienes.

Así transcurrió el día. Bob Esponja siguió con sus habituales travesuras, apareciendo en los momentos más inoportunos: saludándolo con entusiasmo en el Krustáceo Kascarudo, metiéndose en su casa "por accidente" y tocando su clarinete con el talento de una cabra atropellada. Calamardo estaba al borde del colapso.

Hasta que, finalmente, llegó el punto de quiebre.

Toc, toc, toc.

—¡Calamardooo! —Bob Esponja aporreaba la puerta de su casa con desesperación—. ¡Ábreme, por favor, es urgente!

Calamardo se tapó los oídos con la almohada.

—¡Gary ha desaparecido! ¡No lo encuentro por ninguna parte!

El cefalópodo apretó los dientes.

"¿De verdad me despierta por esta tontería?"

Con furia, se levantó de la cama, abrió la puerta de un solo tirón y se enfrentó a la esponja con los ojos encendidos.

Calamardo abrió la puerta de golpe, con una expresión de pura ira.

—¿De verdad me despertaste por esta estupidez? —espetó con desdén—. ¿Y qué si Gary se perdió? Seguro que decidió escaparse porque estaba harto de vivir contigo. ¿Quién querría estar a tu lado? Eres un desastre, Bob Esponja. Un molesto, ruidoso e insoportable desastre.

Bob Esponja abrió la boca para responder, pero Calamardo no le dio oportunidad.

—En serio, ¿cómo puedes ser tan estúpido? ¿No te das cuenta de que nadie te soporta? ¡Ni siquiera tu propio caracol quiere vivir contigo! ¡Y yo menos! Estoy harto de verte todos los días, de tu risa chillona, de tu cara de idiota, de que te metas en mi vida sin que nadie te lo pida. ¡Si desaparecieras, Fondo de Bikini sería un lugar mejor!

Delirios de un CALAMAR | Bob Esponja X Calamardo |Stories to obsess over. Discover now