La habitación estaba oscura y silenciosa, solo iluminada por la luz tenue de la luna que se filtraba por la ventana. Francisco estaba sentado en el sofá, con una botella de whisky vacía en la mesa frente a él. Su rostro estaba pálido y demacrado, con ojeras profundas que revelaban sus noches de insomnio.
De repente, escuchó una voz suave y cálida que lo llamaba.
"Francisco, ¿estás bien?"
Francisco no respondió. No podía. Estaba sumergido en su propio infierno de depresión y alcohol.
La voz volvió a llamarlo, esta vez con un tono más suave y compasivo.
"Francisco, por favor, háblame. Estoy aquí para ti."
Francisco sintió un brazo rodear su hombro, y una cabeza reposar en su espalda. Era Marcos, su amigo, su confidente, su hermano, su alma gemela, el amor de su vida, el chico de que siempre estuvo enamorado.
Pero Francisco no respondió. No podía. Estaba paralizado por su propia tristeza.
Marcos no se rindió. Siguió hablando, siguió abrazando a Francisco, tratando de hacerlo sentir mejor. Pero Francisco no respondió.
Finalmente, Marcos se levantó y se fue. Francisco se quedó solo en la oscuridad, sumergido en su propio dolor.
La madrugada era fría y oscura, y Francisco se levantó de la cama para cerrar la ventana que había dejado abierta. Al caminar hacia la ventana, no se dio cuenta de la botella rota que estaba en el piso. Se tropezó con ella y se cayó, clavándose vidrios en la mano.
"¡Maldición!" gritó, mientras se levantaba y se miraba la mano herida.
De repente, escuchó una voz detrás de él.
"Francisco, ¿qué pasa contigo? Si fueras un poco más ordenado, si dejaras el tema en paz, no estarías en esta miseria de vida que tienes ahora", dijo Marcos.
Al no tener contestación de parte de Francisco, Marcos se acercó a él y le puso una mano en el hombro.
"Sé que estás sufriendo, Francisco. Pero hay soluciones a tus problemas. No tienes que salir adelante solo. Déjame ayudarte", le dijo.
Pero Francisco no dio respuesta. Se dio media vuelta y salió corriendo de la casa. Llegó a un puente que estaba cerca y se detuvo en la orilla, mirando hacia abajo.
"¡Francisco, no! ¡Estás loco! ¡No te vayas a aventar!", gritó Marcos, mientras corría hacia él.
Pero Francisco no respondió. Solo se quedó allí, mirando hacia abajo, con una expresión de desesperación en su rostro.
Finalmente, se dio la vuelta y miró a Marcos.
"Tengo frío", dijo, mientras se encogía de hombros.
Y con eso, se dio la vuelta y se regresó a la casa, dejando a Marcos solo en el puente.
Francisco caminó con determinación hacia la puerta de la casa, con una mochila en la espalda. Marcos se encontraba en el estudio, como era habitual, y escuchó los pasos de Francisco. Se levantó de su silla y se acercó a la puerta del estudio, justo a tiempo para ver a Francisco pasar enfrente de él.
"Francisco, ¿dónde vas?", preguntó Marcos, tratando de detenerlo.
Pero Francisco no respondió. Simplemente siguió caminando, sin mirar atrás.
Horas más tarde, Francisco se encontraba en un lugar tranquilo y solitario. Con un ramo de rosas blancas en la mano, las favoritas de Marcos, Francisco se acercó a una figura familiar. Se posó frente a él y extendió las flores.
"No son las mejores", dijo Francisco, con la voz temblorosa. "Pero son las que pude conseguir".
Marcos sonrió.
"Vaya, volviste", dijo. "Sé que no son las mejores flores, pero sé que haces tu intento por complacerme".
Marcos abrazó a Francisco, y por un momento, Francisco se sintió como si su amigo estuviera realmente allí con él...
Pero el momento pasó, y Francisco se quedó solo. La lluvia comenzó a caer, y Francisco sintió el frío agua en su rostro. Miró hacia abajo y vio que estaba parado frente a una lápida. La lápida de su mejor amigo, de su alma gemela, de su Marcos.....
ESTÁS LEYENDO
Amor Eterno
FanfictionUniverso 2 "Uno enfrenta la muerte, un dolor desgarrante, pierde a su amado, su mundo es distante. Recuerdos que duelen, un amor que no cede, aunque la tristeza lo abrume y lo muerde."
