El rugido de Supermassive Black Hole se mezcla con el viento que raspa mi piel, mientras aparco la Kawasaki Ninja H2R en la arena de La Push, la rueda trasera levantando una nube de polvo dorado. El sonido de las olas rompiendo en la costa acompaña la melodía, creando un contraste extraño, casi como si el mar también estuviera gritando. Reflejando mi propia ira e impotencia.
Un delicioso cosquilleo atraviesa mi columna vertebral mientras lanzo una pierna hacia atrás al bajar y el viento salino despeina mi cabello semi cobrizo cuando me despojo del casco negro. Un nudo enorme se atora en mi pecho mientras lo engancho en mi muñeca y camino hacia la fogata saludando a uno que otro conocido con un levantamiento de barbilla y sacudida de manos, mientras hombres y mujeres me abren paso.
No debería estar aquí. Lo sabía, pero una sorda rebelión me carcomía por dentro. Era injusto. Tenía el derecho de disfrutar de mi vida como cualquier joven normal, sin la constante vigilancia de mi familia. Ellos me aman, lo sé, pero esa maldita sobreprotección me mata poco a poco. No entienden que no soy una criatura sobrenatural, no soy uno de ellos. Soy humano, con un corazón que tarda en latir, como si todo lo que me rodea fuera eterno, mientras yo soy solo un parpadeo en la oscuridad.
Mi madre, híbrida de vampiro y humana, siempre con esa mirada llena de preocupación, como si el mundo fuera a romperse en mil pedazos si algo me sucediera. Mi padre, un hombre lobo Alfa, siempre vigilante, siempre dispuesto a saltar en mi defensa, como si mi vida dependiera de él. Y mis hermanos... ellos nunca han conocido el miedo de saber que pueden morir en cualquier momento. Para ellos, el tiempo es un aliado, y la vida, un regalo eterno. Para mí, es una condena, un recordatorio constante de que no encajo en este mundo.
Su amor es una cárcel dorada, y yo me ahogo en ella.
Cada vez que me cuidan, cada vez que me miran con esa mezcla de temor y afecto, siento cómo se estrecha la jaula.
¿Cómo puedo explicarlo? No quiero el proyecto de salvación de nadie.
Mis ojos barren la multitud buscando. Le silbo al verlo sonriendo chulescamente entre dos quicas.
"'¡Miren quién ha llegado!' grita Derek, haciendo un gesto exagerado. 'El maldito Cullen, todo un desastre".
Una sonrisa ladeada tira de mis labios.
Sentado con las piernas plegadas sobre un tronco torcido y quebrado como un maldito rey del mundo está, así es mi mejor amigo. Cabello ondulado arenoso con hombros anchos, aunque no tanto como los míos. Unas chicas me sonríen desde sus brazos, lamen sus labios hacia mi cuando se percatan de mi presencia, como si fuera un pedazo que desean comer.
Estoy tan acostumbrado así que no me inmuto mientras me estiro hacia él.
"Ojalá te ahogues con tus bolas, idiota". Rei alcanzando su mano en un saludo y chocamos un hombro.
"Pensé que la asquerosa bruma te haría anclarte a la cama".
Resoplo levantando una ceja.
"Mejor morir entre la diversión que en esa maldita cama".
Tomo la cerveza que tiende a mi dirección y la abro de un golpe rápido y certero en la boquilla con mi codo. Le doy un gran trago y me intento relajar cuando las burbujas tocan mi garganta.
"Diablos, le robaste la moto". silba mirandola en la distancia. Sus cejas se levantan en apreciación.
Sonrió en la boquilla de la cerveza.
"Es difícil robar algo que es de tu padre".
"Te matara".
Me encojo de hombros.
