En el corazón del reino, el gran palacio destacaba por su majestuosidad, sus paredes de piedra blanca brillando bajo la luz del sol. En sus grandes pasillos, un joven príncipe de ojos cafés y cabello ondulado, con una sonrisa que iluminaba todo el salón, rondaba con una postura firme que ocultaba su ansiedad interior.
Dylan buscaba desesperado a su amado, el general Tommy, a quien no había visto en semanas, después de una guerra que había defendido el reino que pronto gobernaría. Los golpes de las espadas resonaban en el campo de entrenamiento, y Dylan se acercó con el corazón latiendo con fuerza en su pecho.
Buscaba a Tommy con ansiedad, y cuando lo vio, una sonrisa se formó en sus labios. No hacía falta verlo cara a cara para reconocerlo; sabía que era él.
-General Tommy -llamó Dylan con voz sería, haciendo que todos los demás soldados dejaran lo que hacían.
-El entrenamiento terminó -dijo Tommy-. El príncipe y yo tenemos asuntos importantes que hablar. Retírense.
Los soldados se retiraron, haciendo una pequeña reverencia hacia el príncipe. Cuando estuvieron solos, Tommy se volvió hacia Dylan y habló con una voz baja y suave.
-No hay nadie -dijo-. ¿Vendrás a darme la bienvenida?
Dylan no resistió más y se lanzó a los brazos de su amado, mientras algunas lágrimas se escapaban de sus ojos.
-Estuve esperando por ti, noche tras noche, anhelando tu regreso y escribiendo cartas -dijo Dylan, con la voz temblando de emoción.
-Las leí todas y cada una sin falta -respondió Tommy, con una sonrisa-. Mientras estaba en pelea, eras lo único que me motivaba a salir sano y salvo para volver a tenerte en mis brazos.
-Me alegra saber que mis cartas te llegaron -dijo Dylan, sonriendo-. Me sentía tan solo sin ti.
-Yo también me sentía solo -respondió Tommy, acariciando la mejilla de Dylan-. Pero ahora que estoy de regreso, no te dejaré solo de nuevo.
Dylan se sintió aliviado al escuchar esas palabras. Se había preocupado tanto por Tommy durante la guerra, y ahora que estaba de regreso, se sentía completo de nuevo.
-¿Qué pasó durante la guerra? -preguntó Dylan, curioso-. Me preocupé tanto por ti.
-Fue difícil -respondió Tommy, frunciendo el ceño-. Pero logramos defender el reino y derrotar a nuestros enemigos.
-Me alegra saber que todo salió bien -dijo Dylan, sonriendo-. Pero ahora que estás de regreso, podemos olvidarnos de la guerra y disfrutar del tiempo que pasamos juntos.
Tommy sonrió y se inclinó para besar a Dylan. Dylan se sintió emocionado al sentir los labios de Tommy sobre los suyos, y se dejó llevar sintiendo que todo estaba bien en el mundo de nuevo.
-Te amo -dijo Dylan, cuando Tommy se apartó de él.
-Yo también te amo, mon amour -respondió Tommy, sonriendo-. Y siempre estaré aquí para ti.
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Las flores de aquel jardín que Dylan había cuidado por meses resaltaban por todo el lugar, en especial las margaritas, las cuales eran las favoritas de la pareja.
-No te muevas tanto -dijo Dylan riendo mientras colocaba pequeñas margaritas por todo el cabello de su enamorado.
-En mi defensa, me haces cosquillas -respondió Tommy.
Dylan se detuvo y se sentó frente al general con una leve confusión y preguntó:
-¿Cómo puede causarte cosquillas?
