Capítulo 84

219 6 5
                                        


El auto estaba lleno del calor de la tarde, un día nublado pero húmedo, un recordatorio incómodo de la normalidad que acababa de dejar atrás. Los snacks que acababa de comprar estaban en el asiento del copiloto, olvidados, mientras mi atención se centraba completamente en él.

Mason estaba en el asiento trasero, recargado contra la puerta, con los ojos oscuros y cargados de algo que parecía culpa. No me esperaba su repentina aparición, menos la bomba que dejaron sus palabras, que resonaban como un eco entre las paredes del auto.

—Ya no eres humana.

El aire se tornó espeso, sofocante. Las palabras parecieron llenar todo el espacio entre nosotros, absorbiendo cada sonido, cada pensamiento lógico.

Parpadee incrédula, mi mente estaba luchando por darle sentido a lo que acababa de escuchar.

—¿Qué dijiste? —pregunté, aunque sabía perfectamente lo que había dicho. Mi voz temblaba, y no podía evitarlo.

Mason sostuvo su mirada, inmóvil, como si cada palabra que había dicho le costara un mundo.

—Es la verdad. La sangre que estaba en tu sistema... tomó lo que quedaba de tu humanidad. —Hizo una pausa, como si estuviera escogiendo sus palabras con cuidado—. Has cambiado.

Solté una risa nerviosa, como si el peso de sus palabras fuera tan absurdas que no pudieran ser real.

—No. No. Esto es una broma, ¿verdad? —Negó con la cabeza, mi voz se encontraba teñida de incredulidad—. Porque si no lo es, entonces... ¿qué demonios estás diciendo?

Mason no respondió de inmediato. Su silencio fue más aterrador que cualquier palabra que pudiera haber dicho. Finalmente, suspiró y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre sus rodillas.

—Tienes que saberlo, porque lo que estás sintiendo, lo que te ha estado pasando... no es normal. Tu cuerpo completó la transición. Lo confirmé el día de sol, junto con las quemaduras en tu espalda, y con la muestra de sangre que me diste la última vez que te vi.

La palabra transición golpeó mi pecho como una piedra, hundiéndose en lo más profundo de mi ser.

—¿Transición? —repetí como toda una idiota, como si las veces que lo había escuchado no fueran suficientes, mi tono se tornó elevado y afilado como una cuchilla—. ¿A qué estás refiriéndote, Mason? ¡Dímelo de una vez!

Él alzó la vista y la enfrentó con la misma calma tensa de siempre, pero esta vez, había algo más: un dolor que no podía ocultar.

—Eres un vampiro.

El eco de esas palabras pareció llenar cada rincón del auto. Mi cuerpo se quedó helado, incapaz de reaccionar. Por un momento, no supe si estaba respirando.

—No, no es cierto. —Solté una risa amarga y vacía—. No es cierto.

—Sí lo es, —respondió Mason con firmeza, aunque su voz seguía teñida de culpa—. Los cambios que has estado sintiendo: el cansancio, el hambre, esa sensación de vacío... todo es por eso. Ya no eres humana.

—¡No! —grité desesperada, mientras mi voz estaba rompiéndose bajo la fuerza de la negación—. Esto no está pasando. No puede estar pasando.

La rabia empezó a surgir como un volcán en erupción, quemando cada fibra de mi ser.

—¿Y tú lo sabías todo este tiempo? —dije, los ojos de Mason cargaban dureza con una pequeña gota de culpa oculta entre ellos, y mi voz estaba cargada de furia—. ¿Sabías que esto me estaba pasando y no me lo dijiste?

Mason cerró los ojos por un momento, como si su mirada lo consumiera por dentro.

—Lo sabía, —confesó finalmente—. Pero no podía decírtelo.

Me eché hacia atrás, su cuerpo pegándose al asiento mientras yo lo miraba con incredulidad.

—¿Por qué no podías decírmelo, Mason? ¡¿Por qué no me advertiste?!

—Porque quería protegerte, —dijo él rápidamente, pero sus palabras solo encendieron más mi furia—. Si lo hubiera hecho, habrías entrado en pánico, habrías intentado pelear contra algo que no podía detenerse, sabíamos que esto estaba pasando de alguna manera u otra, Richard también te lo dio a entender cuando te dijo que estabas muriendo. Esta es la cura de la que hablaba. Dejarte transicionar.

Negué con la cabeza, mi risa amarga estaba llenando el espacio entre nosotros.

—¿Protegerme? ¡¿Eso llamas protegerme?! —Mis ojos lo fulminaron—. Me quitaste todo, Mason. ¡Todo lo que era!

—Lo hice para salvarte, —insistió, su voz quebrándose un poco—. Si no lo hubiera hecho, habrías muerto.

—¿Y qué si prefería eso? —espeté, con una voz baja y llena de veneno.

El silencio que siguió fue como un golpe. Mason pareció encogerse ante mis palabras, pero no apartó la mirada.

—No iba a dejar que eso pasara, —dijo, su tono ahora más suave, casi suplicante—. Yoandri no lo permitiría, y yo tampoco.

Sentí que mi corazón —o lo que quedaba de él— daba un vuelco. Había algo en la forma en que lo dijo, algo tan vulnerable que casi dolía escucharlo. Escuchar el nombre de mi hermano salir casi como un susurro de sus labios me estremecía completamente.

—No me digas eso ahora, —murmuré, apartando la mirada y limpiándome las lágrimas con brusquedad—. No después de todo lo que sucedió, no traigas a Yoandri en esto.

Mason respiró profundamente, su cuerpo me evitaba, pero su mirada seguía fija en la mía.

—No puedo cambiar lo que pasó, —dijo finalmente—. Pero puedo ayudarte a entender lo que eres ahora. Y, si me dejas, puedo estar contigo en esto...

Yo no respondí. Simplemente giré la cabeza hacia la ventana, mirando cómo los últimos rayos del sol bañaban el horizonte. Algo dentro de mí había cambiado, algo que no podía explicar. Y aunque lo odiaba por lo que estaba pasando, una parte de mi sabía que necesitaba entenderlo antes de poder decidir qué hacer con la nueva realidad que enfrentaba. Y en el fondo de mi corazón sabía que no era su culpa, y que a pesar de todo, confiaba plenamente en Mason.

Christopher IIIWhere stories live. Discover now