poema 2

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Caía el calor en nuestros hombros en la ciudad,
y quizás en el campo,
y quizás en la vida de todos.

El calor de la euforia de acabar todo esto.
De liquidar la furia, la desesperanza, la tragedia,
el año.

A pocos días, 
y viviendo navidad,
muriendo con los nervios en la espalda,
luego de un infierno del día,
con el Sol llamándose diablo,
matando las hojas de mis plantas;
estaba con el rostro sudoroso, 
apoyando mi pelo sucio y despeinado en la silla,
mirando las luces de los autos al anochecer,
sentí una brisa en la cara, 
sentí que podía cubrirme el estómago porque ya correría un viento para refrescarme.

Sentí que siempre hay una brisa que nos ataca cuando nos desmayamos en verano,
siempre hay una brisa en el diario de nuestra vida.

Siendo un año de incendios emocionales,
donde se quemaron nuestras pestañas del llanto caliente,
nuestro amor,
nuestros mares de anhelos,
cuando se quemó todo por el verano que fue este año.

Sentir esa brisa al culminarlo...
Sentir ese bienestar de cerrar los ojos y saber que, 
por primera vez en 359 días,
no me tocaba a mí solucionar algo.

Sentí mis hombros volar,
y la brisa me secó el sudor.
Capaz,
y temo decirlo,
capaz...
sea un año de brisas.

ErranteWhere stories live. Discover now