º CASUALIDAD º

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CASUALIDAD / BLESSD























































































































En Medellín, la vida rueda al ritmo de los motores, y esa noche, las calles del barrio El Poblado vibraban con el rugido de cientos de motos que se congregaban en la convención organizada por Stiven Mesa, conocido como Blessd. Aunque el paisa había alcanzado la fama como cantante urbano, sus verdaderas pasiones incluían algo más allá de la música: las motos. Para él, no había mejor sensación que acelerar, levantar una llanta en el aire y sentir el mundo desaparecer entre el sonido del escape y la velocidad.

Melissa Zaidi, también paisa pero con un mundo completamente diferente, era una modelo reconocida que apenas podía creer que la habían convencido de asistir al evento. Había crecido en Medellín, pero su vida entre pasarelas, luces y campañas internacionales la mantenía más tiempo en aeropuertos que en su propia ciudad. Esa noche decidió que sería solo una espectadora, pero el destino tenía otros planes.

—Vea, esa moto es la más dura —le dijo uno de los organizadores, señalando una Harley Davidson negra con detalles dorados.

—¿Ah, sí? —respondió Melissa con curiosidad, aunque no sabía ni manejar.

—Móntese, se le ve bien ahí.

Sin pensarlo demasiado, Melissa se subió. Desde el asiento, podía observar cómo Stiven, hacía maniobras que desafiaban la lógica: caballitos, giros perfectos y saltos que arrancaban gritos y aplausos de los asistentes. Era evidente que no solo era el dueño del evento, sino también del momento.

Todo iba bien hasta que la Harley en la que Melissa estaba sentada, estacionada estratégicamente para lucirse, comenzó a dar señales de que algo andaba mal. El motor se apagó de repente. En ese instante, Stiven terminó una pirueta y notó lo que estaba pasando.

—Ey, ¿qué pasó ahí? —preguntó mientras se acercaba, quitándose el casco y dejando al descubierto su sonrisa paisa y despreocupada.

—No sé, pero creo que su moto se quedó sin gasolina —respondió Melissa, tratando de mantener la compostura.

Stiven soltó una risa corta y miró a los lados.
—Eso es lo que pasa por no revisar antes, ¿cierto? Pero venga, yo la arreglo.

—No, tranquilo, yo me bajo y usted se la lleva —dijo ella mientras hacía el ademán de levantarse.

Él la detuvo con un gesto.
—¿Cuál bajarse? Acomódese bien, que yo manejo.

Melissa se quedó muda por un segundo, pero antes de que pudiera protestar, Stiven ya estaba sobre la moto, justo detrás de ella. El público empezó a vitorear mientras el motor volvía a rugir. Él aceleró y, con movimientos seguros, hizo que la Harley se moviera como si fuera una extensión de sí mismo. Melissa, al principio tensa, se aferró a la estructura de la moto, aunque no pudo evitar reírse de lo surrealista de la situación.

—No sea tan miedosa, relájese —le dijo él por encima del ruido.

Los aplausos aumentaron mientras Stiven hacía giros y pequeños trucos con Melissa aún en el asiento. Pero la diversión no duró mucho: de repente, el motor empezó a toser y la moto se detuvo por completo. Otra vez sin gasolina.

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