La llave gira en la cerradura de ese cuarto de hotel y el sonido arrastrado de la puerta abriéndose hace que Sergio levante la mirada de su vaso de whisky que tiene entre sus manos, aunque no es necesario, pues el sabe de quien se trata, lo sabe con solo oír los pasos y la manera de poner la llave en el cerrojo de la puerta.
No era la primera vez que Max llegaba tarde, con el cabello desordenado, el perfume de alguien más impregnado en su piel y claras marcas de labial por el cuello.
—Bienvenido Max— Sergio habla con calma esperando a que su pareja avance hacia el, como un esclavo yendo a los pies de su señor.
Y así es, Max cruza la habitación con pasos cuidadosos, respetuosos y casi temblorosos, como si estuviera midiendo cada movimiento, pero tampoco se acerca muchos pues sabe que debe de mantenerse a una cierta distancia del mexicano.
Sergio endereza su espalda mientras sigue analizando a su hombre, quien tiene la camiseta ligeramente arrugada, su chaqueta colgando descuidadamente de un brazo; también un claro aroma floral, delicada pero asquerosamente mezclado con el aroma venenoso del alcohol, el perfume varonil de Max y el característico olor del sexo rodeando a su león.
—¿Tardo mucho la reunión, no? Horner debería ser más considerado y llamarme a mi también, tal vez podríamos hablar de mi monoplaza y de como requiero que mi marido esté en las noches conmigo— habla Sergio, su tono es despreocupado, aburrido y casi burlesco, pues el menor había puesto una excusa barata y estúpidamente risible para salir.
—Checo... tengo una reunión, Christian y los ingenieros quieren hablar de mi monoplaza—
Junto al tono de voz que Max había utilizado, todo indicaba que mentía, sin embargo Sergio solo asintió con una sonrisa, despidiendo a su pareja como siempre, con un beso apasionado y una leve caricia en el pómulo. Después de todo Sergio sabía a donde iba su león, iba a enredarse con otra gata que era tan ilusa creyendo que podía siquiera llegarle a sus talones, pues era de conocimiento público su matrimonio, pero al parecer habían aún muchas que creían podían enredarse con el león neerlandés en algo permanente.
Max no respondió de inmediato, era el poder que su leona tenía, esa mirada burlesca pero también retadora.
El más joven se toma su tiempo, se quita la chaqueta con calma y la arroja sobre la silla más cercana, para luego, sin mirar al mayor murmurar —No fue una reunión.— agacha su mirada, teme que su leona de el primer rasguño, pero también lo hace por culpabilidad.
La confesión flota en el aire, pesada pero sin sorprender a Checo, quien sabe ese dato. Él se recuesta en el sofá, sus piernas son cruzadas con una elegancia casi felina —¿Y cómo se llama esta vez?— pregunta curioso —¿Melanie? ¿Daniela? ¿Sofia? O tal vez Kelly...—
Max finalmente levanta la vista, sus ojos azules llenos de sorpresa se encuentran con los de Checo, esos ojos cafés con pinceladas de verde, con un vibrante destello de burla y conocimiento. Sergio lo sabia... como siempre.
—Checo yo...—
—¿Acaso dije que respondieras aún Max?— Sergio lo mira desafiante mientras su mano le hace señas, mismas que el joven entiende.
—N-No... no dijiste que te respondiera, perdón— vuelve a agachar la mirada mientras se arrodilla frente a su esposo.
—Buen chico— Sergio vuelve a tomar de su whisky —ahora dime... ¿cómo se llama la mujer de esta noche?— Vuelve a preguntar Checo.
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Primera Leona [O.S.]
FanfictionMax puede estar entre las piernas de cualquiera, perderse entre las sábanas de miles de mujeres, pero eso no cambia nada, porque Max siempre vuelve hacia Sergio quien es es la leona de su manada y eso nada ni nadie puede cambiarlo. -¿Crees que una c...
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