ONE-SHOT

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"Aun en la muerte, mi alma encontrará su camino de vuelta a ti, porque en cada vida, en cada amanecer y ocaso, siempre seremos nosotros. En el último aliento y en el primer suspiro, nos reencontramos, eternos y unidos más allá del tiempo."

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Era una guerra...una guerra que parecía no tener fin

El sonido de muerte y olor a sangre era lo que se había visto durante muchos años

En una carpa había dos figuras que se movían con una mezcla de urgencia y silencio, el aire estaba cargado de tensión, una sensación palpable que pesaba sobre sus corazones

Patroclo miraba a Aquiles con desesperación, mientras más rápido fuera todo, más pronto acabaría, confiaba que así seria, Aquiles, con manos firmes pero temblorosas, ajustaba la armadura sobre el cuerpo de Patroclo.

Cada movimiento estaba lleno de una dualidad de emociones: amor y temor, esperanza y desesperación.

En eso sus miradas se encontraron, aquellos ojos verdes similares a un hermoso prado, se encontró con los ojos castaños similares aun hermoso bosque, ambos se entendían aun sin palabras, en ese instante, se dijeron todo lo que las palabras no podían expresar.

La carpa estaba en silencio, roto solo por los sonidos lejanos del campamento preparándose para la batalla.

En ese breve espacio de tiempo, se dieron cuenta de la magnitud del sacrificio que estaban a punto de hacer.

Aquiles, incapaz de contener sus emociones, se inclinó y plantó un beso en los labios de Patroclo, su corazón lleno de preocupación y amor -Por favor, ten cuidado- susurró Aquiles, su voz apenas audible, cargada de una mezcla de miedo y esperanza.

Patroclo le sonrió con ternura, tratando de infundirle confianza -¿Qué puede salir mal?- bromeó, con una media sonrisa, aunque ambos sabían que la realidad era mucho más peligrosa de lo que querían admitir.

Con una última mirada, salió de la tienda, habia mucho que decir, pero confiaba que aquella tarde, cuando regresara, podrían explicar todo lo que sentían

Aquiles observó cómo Patroclo se alejaba, una mezcla de orgullo y temor en su pecho.

Mientras veía desaparecer la figura de su amado entre los soldados, una sensación de mal presentimiento se apoderó de él, pero sabía que debía confiar en la valentía y habilidades de Patroclo.

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Una vez que Patroclo llegó al frente de la batalla con la imponente armadura de Aquiles, el ejército griego se llenó de una nueva esperanza.

Los soldados levantaron sus armas y gritaron el nombre de Aquiles con fervor, como si un dios hubiera descendido del Olimpo para luchar a su lado.

La presencia de Patroclo, tan semejante a la de Aquiles, infundía valor en los corazones de los hombres que estaban dispuestos a darlo todo por la victoria, Patroclo, sabiendo lo vital que era mantener el engaño, adoptó los movimientos y la postura de su amado con una precisión asombrosa, cada gesto, cada mirada, era un reflejo de Aquiles.

Aunque por dentro su corazón latía con una mezcla de miedo y determinación, por fuera proyectaba una confianza imperturbable.

Lideró a los griegos con una bravura que hizo temblar a sus enemigos, los troyanos, creyendo que enfrentaban al mismísimo Aquiles, retrocedieron con temor.

La estrategia de Patroclo funcionaba, y cada golpe de su espada resonaba como un clamor de victoria entre los guerreros griegos.

Sin embargo, en el fondo de su mente, Patroclo sabía que estaba caminando sobre una cuerda floja, sus pensamientos volvían una y otra vez a Aquiles, esperando que estuviera seguro y que su sacrificio no fuera en vano.

¿QUÉ HUBIERA PASADO?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora