🥀-.El calor del amor

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¡Hola!
Primero que nada, no estaba muy segura de subir esto.
La verdad, era algo personal, pero una amiga me animó a compartirlo. Es la primera vez que hago algo así, así que espero que les guste.

Ah, y antes de que me digan algo: sé que
no es nada común que nieve en Puebla (porque sí, lo sé), pero escribí esto a principios de diciembre y quería dejarme llevar un poquito. ¡Déjenme soñar!

Eso era todo, espero que lo disfruten. ¡Bye! ✌️




La tarde caía lentamente sobre Puebla, y el frío se colaba en cada rincón de la ciudad, Era diciembre, pero uno donde el invierno se sentía diferente. El cielo, cubierto de nubes grises y el rocío del aire se podían apreciar más de lo normal. Leo acababa de terminar su jornada en la panadería San Juan, donde trabajaba junto a su abuela, Doña Toñita, y su hermano mayor, Nando.
Mientras colgaba su delantal, Nando apareció en la cocina con esa sonrisa burlona que siempre lo acompañaba.

—¿A dónde tan apurado, Chisguete? —preguntó Nando, sabiendo que cuando su hermano andaba tan apresurado, ya sabía con quién iría, a pesar del mal clima.

—Voy a dar una vuelta. Quiero aprovechar la tarde antes de que caiga el sereno—respondió Leo, mientras se ponía un abrigo negro, unos guantes sin dedos y ajustaba la bufanda roja que Xóchitl le había regalado semanas atrás.

Nando arqueó una ceja, divertido.
—¿Aprovechar la tarde o aprovechar para ver a Xóchitl?

A pesar de que el castaño llevaba tiempo saliendo con ella, aún se ponía nervioso. Intento no sonrojarse y tartamudear de los nervios.
—Y-¿Y tú? ¿No irás a ver a Teodora?

—Claro que sí, pero más tarde. Ya sabes cómo es: dos horas arreglándose... o más. Mejor le doy su tiempo porque, con este frío, seguro se está preocupando por qué ponerse o haciéndose autorretratos en esa cajita mágica (refiriéndose al teléfono) que le roba horas! —contestó Nando con una risa despreocupada.

Leo rió ligeramente, pues conocía bien a Teodora y sabía que su hermano no exageraba.
—En eso tienes toda la razón. Bueno, me voy, suerte hermano, salúdame a Teodora. Nos vemos más tarde.

—Claro, Leo. Igual, saludame a mi cuñis. Eso sí, si te comes unos "besos de nuez" con ella, recuerda: "no se come pan delante de los pobres".
El comentario hizo que Leo se sonrojara de inmediato.

—¡Ca-Ca-cállate, Nando! —respondió tartamudeando antes de salir apresuradamente, dejando que las carcajadas de su hermano resonaran en el aire.

Con las manos en los bolsillos y pequeñas nubes de vapor escapando de su respiración, el castaño caminó hacia el mercado. Sabía que Xóchitl acostumbraba vender sus collares y pulseras en un puesto cercano y esperaba encontrarla allí aún.

Al llegar, la vio. Xóchitl acomodaba con delicadeza pulseras de colores en su mesa, mientras su cabello oscuro caía en suaves ondas sobre sus hombros, cubriéndole las orejas y añadiendo un toque de calidez a la escena. Llevaba su distintiva cinta verde que sujetaba parte de su melena, manteniéndola en su lugar con naturalidad. Vestía un largo vestido de mangas largas, de color hueso que resaltaba los delicados detalles naranjas y verdes apenas visibles en el tejido. Encima, un poncho verde con sutiles bordados que la envolvía, protegiéndola del frío. Bajo el dobladillo del vestido, sus botas cafés se asomaban tímidamente, casi ocultas por la tela que, aunque abrigadora, no lograba resguardarla completamente de las frías ventiscas que se colaban. Sus mejillas, ligeramente sonrojadas por el aire helado, brillaban con una calidez especial, como si fueran el único contraste vivo frente al ambiente gélido que los rodeaba.

ONE-SHORT 🥀LEOCHITL🥀Stories to obsess over. Discover now