ridículo

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Crowley y Aziraphale caminaban por Londres en una noche tranquila, la ciudad iluminada por las luces suaves de las farolas. Habían compartido miles de años juntos, siempre en esa delicada línea entre la amistad y algo más, aunque ninguno lo admitía. Cada gesto de amabilidad disfrazado de indiferencia, cada mirada cargada de significado oculto tras sonrisas ligeras.

Esa noche, sin embargo, había una tensión diferente en el aire. Después del Apocalipsis fallido y su renovado pacto de cuidar la Tierra juntos, algo había cambiado. Caminaban en silencio, hasta que Crowley, con sus gafas de sol en la oscuridad, rompió el silencio.

—Es ridículo, ¿no? —dijo con ese tono de sarcasmo que usaba para ocultar lo que realmente sentía.

Aziraphale lo miró de reojo, ajustando su abrigo. —¿Qué es ridículo esta vez, querido?

Crowley se detuvo, su rostro más serio de lo normal, y se quitó las gafas de sol. —Nosotros. Fingiendo que todo esto es normal, que somos solo... colegas.

Aziraphale sintió cómo su corazón se aceleraba, pero intentó mantener la compostura. —No veo qué tiene de ridículo. Hemos sido colegas por más de seis mil años, Crowley.

Crowley se acercó un paso, sus ojos ambarinos brillando bajo la luz de la calle. —No me refiero a eso y lo sabes. Siempre hemos estado juntos, Aziraphale. Pero últimamente... —Hizo una pausa, buscando las palabras— últimamente, no puedo dejar de pensar que esto es más que lo que estamos dispuestos a admitir.

El ángel se quedó en silencio, mordiéndose el labio. Sabía que Crowley tenía razón, pero admitirlo significaba abrir la puerta a algo mucho más grande de lo que jamás había imaginado.

—Crowley, yo... —Aziraphale comenzó, con la voz temblorosa— no es que no lo haya pensado. Pero somos... lo que somos. Un ángel y un demonio, es imposible.

Crowley lo miró fijamente, y por primera vez, su voz se suavizó. —¿Por qué tiene que ser imposible?

La pregunta quedó suspendida en el aire. Aziraphale, sintiendo que su propio corazón ya no podía soportar el peso de las palabras no dichas, dio un paso hacia él. —Tal vez... —susurró— tal vez no lo sea.

Crowley entrecerró los ojos, sorprendido por las palabras del ángel. En un movimiento casi instintivo, como si todo lo que habían contenido durante siglos se rompiera, se acercaron. Crowley, siempre más audaz, tomó a Aziraphale por la cintura y lo atrajo hacia él.

Aziraphale, por su parte, no retrocedió. Ambos se miraron durante lo que parecieron siglos, hasta que finalmente, sin más palabras, cerraron la distancia y sus labios se encontraron en un beso suave pero cargado de emociones.

Todo lo que habían reprimido, todo lo que habían negado durante tanto tiempo, se liberó en ese momento. El beso fue largo, dulce, como si todo el tiempo y el espacio se detuvieran solo para ellos.

Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban con dificultad, pero había una paz nueva en sus rostros.

—Eso fue... —comenzó Aziraphale, con una pequeña sonrisa.

—Ridículo —completó Crowley, pero esta vez, sin el habitual sarcasmo. Ambos rieron, más relajados que nunca.

Y así, bajo las luces suaves de Londres, un ángel y un demonio finalmente admitieron lo que siempre habían sabido.

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⏰ Last updated: Jan 02, 2025 ⏰

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