[EL CAMPAMENTO - DÍA 14 DE VACACIONES]
El sol se filtraba a través de las copas de los pinos, creando un mosaico de luces y sombras sobre el claro del bosque. Las tiendas de campaña estaban dispuestas en círculo alrededor de una fogata apagada, donde las cenizas aún conservaban el calor de la noche anterior.
Alex estaba sentado sobre una roca plana, observando cómo sus amigos terminaban de recoger los restos del desayuno. Llevaban ya catorce días en el Bosque Nacional de White Mountain, en New Hampshire, y la experiencia había sido todo lo que esperaban: días de senderismo, tardes de pesca en el río cercano y noches alrededor del fuego contando historias.
¡Alex! ¿Vas a quedarte ahí todo el día? —gritó Jessica desde la orilla del claro, ondeando una caña de pescar—. ¡El salmón no se va a pescar solo!
Alex sonrió y negó con la cabeza. Jessica siempre había sido la más enérgica del grupo, la que organizaba las excursiones y mantenía el ánimo alto. Junto a ella, Sarah terminaba de guardar los utensilios de cocina en una mochila, mientras Arthur y su amigo Thom discutían sobre qué ruta tomar para la caminata del día siguiente.
He oído que hay unas cascadas al norte —decía Arthur, señalando un mapa desgastado—. Podríamos llegar en unas tres horas si salimos temprano.
¿Tres horas? —Thom levantó una ceja—. Eso es mucho para un día de descanso. ¿No preferirías quedarte cerca del campamento y explorar el río?
¡Qué aburrido eres, Thom! —intervino Sarah, acercándose con una sonrisa—. Vinimos aquí para aventuras, no para quedarnos en el mismo sitio.
El grupo se completaba con Emily, que estaba leyendo un libro en la entrada de su tienda, y Jason, que afilaba un cuchillo de supervivencia con una piedra. Habían planeado este viaje durante meses, y cada uno había aportado algo diferente: Alex el equipo de cocina, Jessica las cañas de pescar, Sarah los mapas y la brújula, Thom la tienda grande, Arthur la comida enlatada, Jason el equipo de supervivencia, y Emily los libros y la guitarra.
Nadie en el grupo sabía que aquella sería su última noche de tranquilidad.
[LA NOCHE - CAMPAMENTO]
La luna llena brillaba con una intensidad casi sobrenatural, bañando el bosque en una luz plateada que hacía que cada sombra pareciera más alargada y cada susurro de las hojas más amenazador. Era la última noche de su segunda semana en el bosque, y el grupo había decidido celebrarlo con una fogata más grande de lo habitual.
¿Alguien quiere más malvaviscos? —preguntó Emily, ofreciendo la bolsa.
No, gracias —respondió Alex, estirándose sobre la manta que había extendido cerca del fuego—. He comido tantos que creo que me voy a convertir en uno.
Serías un malvavisco muy grande —bromeó Jason, provocando risas en el grupo.
La conversación derivó hacia los mitos y leyendas del bosque, como había sido habitual en los últimos días. Thom, que siempre había tenido una fascinación por lo sobrenatural, empezó a contar historias de osos fantasma y luces misteriosas que se veían entre los árboles.
De verdad, hay cosas que no tienen explicación —dijo Thom, gesticulando con una rama que sostenía como si fuera una varita mágica—. Hay tribus nativas que consideran estas montañas como lugares sagrados, donde los espíritus de los animales vagan entre los vivos.
¿Y los hombres lobo? —preguntó Sarah con tono burlón—. ¿También hay de esos?
Thom sonrió misteriosamente.
¿Sabías que New Hampshire tiene una de las historias de hombres lobo más antiguas de Estados Unidos? Se remonta a 1760, cuando un viajero inglés llamado Arthur Williams... —Thom hizo una pausa dramática y miró a Arthur—. Como tú, Arthur. Williams fue atacado cerca de estas montañas por una criatura que describió como "un hombre con rostro de lobo y ojos de fuego".
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LICÁNTROPOS PERDIDOS
Science FictionUnas vacaciones de verano en el bosque. Una noche de luna llena. Un ataque que lo cambió todo. Arthur fue mordido por un licántropo, y su vida se convirtió en una lucha constante por controlar la bestia que habita en su interior. Mientras él aprende...
