Pasos veloces y desenfrenados atravesaban aquel claro de bosque. El crujir de las ramas dejó de ser un problema desde que fueron descubiertos por aquel hombre misterioso, al parecer, un aventurero común enviado por el Gremio. Aunque, lastimosamente, las apariencias llegan a engañar de una manera muy cruel a quien cree en ellas.
Las desesperadas respiraciones resonaban por doquier, solamente opacadas por las explosiones de las flechas carmesí. El bosque se incendiaba tras su escape, pero él lo apagaba casi al instante. Solo hay una cosa capaz de detener una flecha carmesí, y eso era precisamente la base de su poder.
-¡Sabía que no debí haber confiado en ti!- gritaba uno de los prófugos, un joven de unos treinta años, a su compañero -¡Claro, parecía buena idea pasar hongos fuki por la frontera!¡¿Quién diría que nos iban a descubrir en el primer intento?!
-¡Perdóname hermano, no era una mala idea en mi...
La carrera por la supervivencia de aquel hombre había terminado ahí. La sangre salpicó hasta unos tres metros de distancia, justo antes de que el cuerpo cayera al suelo. El césped fue teñido de rojo por las vísceras, expulsadas por la gran estaca que atravesaba el abdomen de aquel hombre.
Su compañero detuvo su escape al instante, aunque solo para toparse de frente a un hombre encapuchado, cubierto por las sombras del bosque que sostenía un libro flotante.
-¡Maldito bastardo! ¡¿Sabes lo que acabas de hacer?! ¡¿Quién eres?!- gritaba desesperado el hombre, el cual recibió como respuesta la frialdad del silencio.
-¡¿No vas a decir nada?! ¿Acaso tienes miedo?- preguntó mientras agarraba una de las dagas que guardaba en su bota de cuero. -Debería...
Su voz se extinguió al instante. Aquel lamento ahogado en su propia sangre y el brillo celeste del libro fue lo último que vio en su vida, justo antes de ser atravesado justo como el hombre que le llamaba hermano.
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La luz de la mañana llegó a los ojos de aquella chica en su habitación de posada. Abrió sus ojos verdes como limones y se dispuso a vestirse, tenía un trabajo importante por delante.
"Este peto me queda un poco ajustado, tendré que conseguir otro más adelante" pensaba ella mientras ajustaba su pechera de cuero. El canto de un ruiseñor provocó que alzase la vista hacia su ventana justo a tiempo para llevarse una gran sorpresa.
Un hombre encapuchado estaba justo ahí, cortando la escasa luz del alba que entraba por el marco de caoba. Al verlo, la chica saltó hacia su cama profesando un agudo chillido de inconformidad.
-¡¿Quién eres?! ¡¿Qué haces aquí?!- preguntaba la chica bastante molesta.
-¿Eres una elfa?- preguntó el encapuchado al notar sus orejas. -Qué raro. Pensaba que habían sido exterminados en la Segunda Guerra...
-¡¿Y a tí qué si lo soy?! ¡No esquives mis preguntas!- exclamaba ella intentando ver al menos el rostro del asaltante.
-Tienes razón...- dijo el encapuchado justo antes de saltar por la ventana sin dar ninguna otra explicación. Ella, tras confirmar que se había ido, continuó su rutina de preparación matutina, aunque con mucha más cautela que antes.
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El Sol brillaba con fuerza entre el celeste del cielo y la blancura de las nubes. La gente de Einswrath aún festejaban la victoria en la Guerra Grande, aunque ya hacía 6 años del conflicto. Pueblos enteros ya habían sido reconstruidos y sus pobladores reubicados a sus nuevas casas.
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Crónicas de Otro Mundo
Adventure-¿Quién está ahí?- preguntó una voz masculina envuelta entre la oscuridad. Pertenecía a un varón joven, de unos veintitantos años de edad, bastante bien formado. Su cabello era castaño en su mayoría, aunque tenía marcadas vetas blancas y negras. Una...
